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LA GRAN EXPLOSIÓN. Hasta ahora, la teoría de la gran explosión de todos conocida es la más socorrida de todas para explicar el origen del universo. En un momento (en donde ni siquiera existía el tiempo) un punto denso exploto lanzando material al universo y formando todos los elementos químicos necesarios para "desarrollar" la vida. Pero un primer pensamiento básico acerca de esto nos hace dudar de este principio: la consecuencia de una explosión no es el orden, sino el caos. ¿Como pudo este universo ordenado surgir de una explosión descontrolada a menos que un Creador hubiera ejercido un control y equilibrio en la misma?
LAS DOS LEYES FUNDAMENTALES DE LA FÍSICA. Esta aseveración, así de simple y sin mayor complicación contradice las dos leyes fundamentales de la ciencias conocidas como las leyes de la termodinámica. La primera de ellas afirma que LA MATERIA NO SE CREA NI SE DESTRUYE, SOLO TRANSFORMA. Si esto es así, ¿de donde provino todo? Simplemente no pudo haberse creado nada al principio y seguiríamos viviendo un estado total de CAOS como sucedería en caso de no intervenir una FUERZA DE CUALQUIER TIPO QUE TRASCIENDA AL PROPIO UNIVERSO. La segunda de esta leyes afirma que los sistemas TIENDEN DEL ORDEN AL CAOS, como el Sol que consume miles de millones de toneladas de Hidrógeno como combustible y no las recuperará jamás. Y el mismo Universo apunta a eso, se está desgastando, está muriendo, independientemente del tiempo que esto dure, por lo que es lógico concluir que el Universo no pudo hacerse creado DEL CAOS, a menos que haya sido creado ordenado y de ahí iniciara su proceso de desgaste.
TRANSMISIÓN DE CALOR. Por medio de las leyes físicas sabemos que el calor siempre fluye de los cuerpos más calientes hacía los fríos hasta alcanzar el estado de equilibrio. si el universo fuera eterno, entonces el calor se hubiera esparcido por igual en todas partes. Pero no es así, lo que por lo menos aporta dos extraordinarias conclusiones: primero, el universo tuvo un comienzo. Segundo: el universo ha estado mucho menos tiempo del que se requeriría para que se llevara a cabo la distribución del calor, lo que implica una edad muchísimo más corta de las que se manejan en astronomía.
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