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“Noche de brujas del 2005”… es
increíble como se está pasando el tiempo, y en esta fecha en que los
espíritus chocarreros y las energías tanto positivas como negativas
(que yo creo más en eso)
tienen “permiso”
para manifestarse, vagar y convivir con toda libertad en este plano
existencial con todos nosotros
-los que aún estamos vivos-,
se me ocurrió desde hace varios días que esta fecha la utilizaría para
escribir acerca de las experiencias sobrenaturales que he experimentado
a lo largo de mi vida… y que la verdad no sé si sería porque me quedé
pensando mucho en el significado de esta época del año, que de pronto
comencé a recordar cosas que incluso ya había olvidado.
Me imagino que todo mundo podría hablar de eso, hacer referencia a por
lo menos una anécdota de
“muertos y aparecidos” que
le ha pasado o ha escuchado… Contar acerca de las historias típicas que
todos conocemos desde la primaria y que van desde el rumor de la
enfermera que se aparece en el baño de las niñas de la escuela primaria,
la mano terrorífica en el salón abandonado y lleno de trebejos, las
voces que se escuchan en los salones de clase vacíos por las noches y
que se justifican porque todo mundo afirma que la escuela fue construida
sobre un panteón u hospital durante la época de la revolución; y aunque
Cd. Juárez no es la excepción, ya que es un lugar lleno de leyendas y
lugares históricos, ya hablaré en otra ocasión de eso, porque como
mencionaba al principio, el propósito esta vez es recordar, pero sobre
todo plasmar por primera vez anécdotas mucho más personales que yo ya
había olvidado.
Las primeras experiencias sobrenaturales que yo viví, sucedieron cuando
yo era muy niña, y aunque no recuerdo con exactitud cuándo fue que
empecé a tener el miedo normal que todos experimentamos por la
oscuridad, lo que sí sé es que a pesar de que desde siempre he sido una
persona muy soñadora, a muy temprana edad tuve conciencia de la muerte a
pesar de que no supiera exactamente
¿qué era o en qué consistía?
y mucho menos lo entendiera bien.
Mucha gente dice que los niños, por no tener
“malicia”
alguna, entre más pequeños
sean tienen la capacidad para ver, escuchar y percibir cosas que el
común de la gente no vemos y pues con el paso de los años empecé a creer
que eso es cierto, ya que a parte de las 2 experiencias que ya contaré
algún día (y que involucran a mi prima
Pamela
y a mi sobrina Evelyn),
el primer recuerdo que yo tengo de algo relacionado con eso, sucedió
precisamente cuando yo tenía como 5 ó 6 años
–según calculo yo-
y no caí en la cuenta, sino hasta
muchos años después de que esa podría haber sido mi primer experiencia
sobrenatural.
Eso sucedió en una de las tantas madrugadas de Viernes para amanecer en
Sábado. Yo tenía mi cama propia, pero los fines de semana siempre me
dormía con mis otros dos hermanos en una cama grandísima que había en
otro cuarto de la casa, con el propósito de despertar temprano el Sábado
y ver las caricaturas que transmitían en los canales americanos.
Como era de esperarse, estando los 3 juntos era mucho más difícil que
nos durmiéramos temprano, ya que comenzábamos a platicar de cualquier
cosa o tema y así era más fácil que se nos espantara el sueño o llegara
hasta muy tarde, y por esa razón una tía
(hermana de mi papá)
que ya falleció, pero vivía con nosotros en ese entonces y era quien
siempre nos cuidaba, sobre todo cuando mis papás no estaban, recuerdo
que siempre nos regañaba y para podernos controlar
(porque mis hermanos y yo éramos
unos demonios, la verdad),
siempre nos decía que debíamos dormir temprano, porque sino
“la mano pachona”
se nos iba a aparecer o podríamos ver “cosas” que no iban a ser
muy agradables en medio de la noche.
Ahora que lo pienso, yo creo que mi tía contribuyó en cierta medida a
que yo conociera lo que era el miedo, porque recuerdo que en ocasiones
ella contaba unas historias impresionantes acerca de un carruaje que
pasaba por la calle donde vivo a altas horas de la madrugada (ella decía
que lo había escuchado en una ocasión cuando siendo joven se quedó
leyendo hasta muy tarde una novela y no le quiso hacer caso a su madre
de irse a dormir), hablaba también de un tío al que se le había
aparecido “La Simpática”,
una mujer de blanco muy hermosa y que al verla bien no tenía pies y que
ese tío había visto en la entrada a una vecindad que queda a unas
cuantas casas de la mía, e incluso hablaba de que en sus tiempos si
alguien se atrevía a hablar de el mismísimo Diablo, a la hora del día
que fuera este se presentaba en el acto para decir:
“Aquí estoy, ¿para qué me quieren?”.
Así fue como crecí, escuchando una y mil veces todas estas historias y
que no importaba que ya las conociera, siempre me producían el mismo
miedo y me imagino que así fue como nació también mi
“aversión”
a la oscuridad y donde
retomando mi relato, no sé definir si fue precisamente en una de esas
noches en que le dimos
“lata”
a mi tía para dormirnos temprano que sucedió mi primer experiencia
sobrenatural.
De lo único que me acuerdo fue que me desperté en la madrugada. Mis
otros dos hermanos y mi tía estaban profundamente dormidos, la
habitación donde estábamos permanecía oscura, pero a pesar de eso se
podía ver bien, porque a través de las ventanas: una situada al lado
izquierdo y contigua a la cama y otra al frente de donde nosotros
estábamos (como a un metro
de distancia), entraba la
luz de la luna y esto permitía que la visión de el interior de la casa
se pudiera percibir bien.
Yo no estaba pensando en nada, tan sólo se me hacía extraño estar
despierta a esa hora de la madrugada, así que me quedé durante un rato
sentada sobre la cama viendo a mis familiares dormidos, pero sobre todo
con la percepción tan diferente que tuve por primera vez de mi casa a
esa hora.
No sé si pasó mucho o poco tiempo desde que desperté, pero en una de
esas en que se me ocurrió voltear hacía la ventana que estaba enfrente
(y que por cierto estaba
abierta),
vi claramente como a través del sprin
o mosquitero una pequeña manita negra se deslizaba de un extremo a otro
de la ventana como si estuviera diciéndome
“adios”,
para luego desaparecer.
No recuerdo si pasó una o dos veces, pero lo que si tengo muy claro
–tal y como si lo hubiera
vivido ayer-
es que únicamente era la pura manita,
(como si fuera un
guantecito como los que usan los niños)
y como no me dio miedo, yo
me quedé despierta durante un buen rato, atenta a la ventana para ver si
volvía a aparecer otra vez, pero no, no lo hizo y creo que no fue sino
hasta después de mucho tiempo que le conté a mi hermano de ese incidente
–que estoy segura ahora ya
ni se acuerda- y aparte
quizá no me creyó.
El segundo hecho que recuerdo, no se si pasó antes o mucho después de
esto (porque como te digo
son cosas que hasta ahora empecé a recordar de nuevo, pero no se definir
que edad tenía yo cuando sucedieron),
el caso es que esto sucedió una vez que me dormí con mi mamá. Como mi
papá desde siempre ha trabajado como mesero o guardia en las madrugadas,
a veces me tocaba quedarme a dormir en su cama y ya cuando él llegaba en
la madrugada, me pasaba a mi cuarto
(que estaba contiguo al de ellos).
En esa época la programación de la televisión y en particular del
Canal 2
no permanecía toda la
noche y lo último que transmitían era una película. Una que pasaban con
mucha frecuencia era una que se titulaba
“Las Visitaciones del Diablo”,
con el actor Enrique Lizalde, nunca supe de que se trataba y mucho menos
la vi, (sólo recuerdo que
el inicio, eran imágenes como pinturas diabólicas)
y que a mi me impresionaban, pero eso era lo único que alcanzaba a ver
siempre, porque mi mamá no me permitía verla completa nunca, pero el
simple título me producía terror, siempre que la pasaban, mi mamá
apagaba la tele o le cambiaba y yo creo que esperaba a que yo me quedara
dormida para verla, porque ya después de mucho rato yo escuchaba los
diálogos allá entre sueños y
(no fue hasta muchos años después que supe que la película se trataba
de algo que nada que ver con el nombre de la cinta).
El caso es que escuché tantas veces esos diálogos, que en una ocasión
cuando estuve muy enferma y que estaba precisamente recostada en la cama
de mis padres mientras ellos estaban sentados en la cocina, recuerdo que
en la puerta que existía para separar a una y otra, vi reflejado
(como resultado de la luz que
entraba a través de las rendijas de arriba y abajo del marco),
una especie de laberinto
en el que en la parte final había una cara diabólica muy luminosa con
cuernos y todo, volteada al revés… Eso si que me dio mucho miedo y me
acuerdo que empecé a llorar y le hablé de inmediato a mis padres y
aunque ellos no vieron absolutamente nada y se empeñaron en decir que
había sido sólo imaginación mía, yo lo recuerdo y lo entiendo como la
primera vez que experimenté de verdad lo que es el miedo hacia algo
sobrenatural.
Después de eso ya nunca volví a ver ni a experimentar nada, a excepción
de una madrugada en que alguien me hizo cosquillas en los pies, cuando
ya faltaba poco para que amaneciera y aunque yo me levanté de la cama
para ver ¿quién había sido?
descubrí que en la habitación, a excepción de mi y una cama con muñecas
que había justo enfrente de la mía no estaba nadie más. Desde entonces,
no puedo dormir sin tener los pies tapados o con calcetines y en verano,
a fuerza tengo que tener cubiertos los pies aunque sea con una sábana.
Todo eso sucedió hace mucho tiempo, los años transcurrieron y
afortunadamente para mi ya no volvió a suceder nada hasta en la época de
secundaria, cuando siendo yo ya una chava adolescente, un día a alguien
de la clase se le ocurrió jugar a la
"Quija".
A mi la verdad me daba miedo, pero también me atraía la curiosidad.
Algunas chavas de mi grupo se pusieron de acuerdo para quedarnos en la
escuela un día depués de la hora de salida y hasta una de ellas se
ofreció a llevar a otra chica, quien era vecina suya y tenía fama de
saber manejar perfectamente la famosa tabla.
El día en que nos juntamos me acuerdo que la escuela estaba
completamente desierta y parecía hecho a propósito porque la escuela
(que ocupa toda una
manzana)
estaba totalmente desierta y hacía
muchísimo aire. Cuando todos salieron, nosotras nos quedamos en el
último salón y pues la chava experta fue la encargada de dirigir la
"demostración".
El juego empezó con las típicas preguntas que haces para confirmar
primero si de quien te está respondiendo de verdad es un ente o espíritu
y segundo para corroborar
¿qué tanto sabe o no acerca de ti?
Yo permanecí durante todo el juego sólo observando, pero las chavas que
participaban más activamente le hacían las típicas preguntas tontas que
haría una chavita de secundaria acerca de si el chavo que me gusta me
hará caso algún día y cosas así por el estilo, hasta que alguna chava
cuerda,
-mucho más inteligente que cualquiera
de nosotras-
se le ocurrió cuestionar acerca de la
identidad de quien nos estaba respondiendo y ahí fue cuando empezó lo
escalofriante (me acuerdo y
se me pone la piel de gallinita otra vez)...
Para empezar la tabla en ese momento pidió que una chava que traía un
crucifijo como adorno se saliera del salón donde todas estábamos, luego
de eso ya nos empezó a decir que era un chavo,
(si mencionó el nombre, pero no
recuerdo cuál era),
la edad que tenía, que había
muerto varios años atrás en la ciudad de Chihuahua
(donde incluso nos
reveló el nombre del cementerio donde se encontraba sepultado)
y cuando la chava que estaba
manejando el señalizador de la tabla le preguntó:
¿dónde se encontraba en ese
momento? y ¿cuál era la razón por la que había fallecido?
el respondió:
"Estoy debajo de todas
ustedes"
y para la segunda pregunta la
respuesta fue: "Por haber
desafiado a Dios"...
Posterior a eso el señalizador se deslizaba mucho más rápido en las
manos de la chava experta en el uso de la
"Quija"
para señalar una y otra
vez las letras J y A, tal y como si se estuviera riendo... y ya para
estas alturas del juego todas estábamos muertas de miedo a excepción de
la instructora, que una vez que el señalizador comenzó a volverse loco
indicando las letras que nos hacían saber que se estaba burlando de
nosotras, le hablaba a la tabla con gran paciencia y sin miedo,
diciéndole frases como: "no
seas niño y déjanos saber más cosas de ti".
La tabla ya no quiso responder nada, el tiempo se pasó volando, y
decidimos dar por terminado el juego y cada una de nosotras decidimos
regresar a nuestras casas. y aunque posteriormente hubo más
"sesiones de Quija",
para mi con esa primera fue suficiente, para decidir que para mi era
"debut y despedida",
porque a apartir de entonces yo tuve muchísimo miedo por las noches y en
las paredes de mi cuarto, que en ese entonces estaban tapizadas de
posters del grupo "Flans",
tuve que quitarlos todos de un
día para otro, ya que por la noche se veían bastante extraños, como si
hubiera alguien extraño, viendo a través de los ojos de Ilse, Ivonne y
Mimí... y sí, ya sé, aunque tal vez hoy reconozco que podría haber sido
"sugestión"
de mi parte; lo que si no
fue producto de mi imaginación fue que a partir de entonces una mala
racha se cirnió sobre toda mi familia, mi papá se quedó sin trabajo,
empezamos a tener muchos pleitos y problemas de todo tipo que yo
relacioné con eso, y no fue hasta muchos años después que me enteré que
probablemente yo no estaba tan equivocada, porque las personas que en
realidad saben de eso afirman que es una irresponsabilidad que
"La Quija"
se siga fabricando y comercializando como un inofensivo juego de mesa,
cuando en realidad puede llegar a ser una puerta abierta para atraer
entidades negativas que por lo regular son las que se presentan cuando
alguien con curiosidad
(como nosotras) o sin
ningún conocimiento experimenta con este juego.
A mi en lo particular no me quedaron ganas de volver a jugar a esa cosa,
y pues aunque hace muchos años en mi casa
(que fácil tendrá unos 50 años de
haberse construido)
todavía se oían ruidos extraños
en la noche (sobre todo en
el área de la cocina) y
que mi papá dice que eso se debe a que su madrina
(quien vivió hace muchísimo antes que
nosotros aquí)
practicaba el espiritismo y se
dedicaba a ayudar a la gente
"quitando males",
pero todos esos ruidos desaparecieron a raíz de que pasó el tiempo y mi
mamá adoptó la costumbre de echar agua bendita y desde entonces no ha
sucedido ya nada extraño, a excepción de una sombra que a veces pasa de
un lado a otro en ese mismo cuarto
(que ahora pertenece a mi hermano y
quien espero que nunca llegue a leer esto),
porque con lo miedoso que
es, ya no va a querer volver a dormir ahí.
Fuera de eso, y a raíz de que me confirmé, a mi ya nunca más ha vuelto a
pasarme nada extraño, a excepción de la sombra que menciono que a veces
logro percibirla cuando estoy sentada en el escritorio frente a la
computadora y de alguna otra ocasión en que sentí perfectamente la
presencia de alguien que estaba atrás de mi y a la altura de mi hombro
viendo lo que hacía frente a la computadora.
Aquella vez, sentí su respiración entrecortada y fría y aunque confieso
que si me asusté bastante, casi creo saber de quien se trataba, así que
lo único que hice fue no demostrar miedo en ese momento, fingiendo que
no le daba importancia, y una vez que
"sentí"
que ya no estaba, apagué la computadora y me fui a dormir
(con la luz prendida por
supuesto)...
Hoy ya soy una persona adulta y debo confesar que aunque si le tengo
respeto a todo este tipo de cosas, mis miedos se han transformado y me
asustan más otras cosas... Como por ejemplo las cosas que a diario
suceden en el mundo, la violencia extrema, los locos que andan por ahí
sueltos y son capaces de dañar a gente inocente
(sobre todo a los niños)
y en particular algo a lo que
le tengo muchísimo miedo es a que alguien pueda meterse a mi casa y
hacernos daño o que algo le pase a alguno de mis sobrinos pequeños...
Eso si que me aterroriza y rezo todos los días porque en medio de este
mundo tan caótico en el que vivimos, Dios nos proteja a todos y nos
permita estar bien.
Pero bueno, volviendo al punto, a raíz de la experiencia con la
Quija,
de las cosas que viví de niña y sobre todo de las cosas que contaba mi
abuelita materna acerca de todo esto, si algo aprendí con los años fue
precisamente a respetar esa delgada barrera que delimita el mundo de los
vivos y los muertos, pero quizá luego de leer cosas relacionadas con la
metafísica, el espiritismo, etc, pero sobre todo a partir de una
experiencia hermosísima que me sucedió días antes de que fuera mi
confirmación, descubrí que a pesar de que la manifestación de cualquier
fenómeno de este tipo asustaría a cualquiera, cuando tú tienes la firme
convicción de que no hay nada que pueda ser más grande y poderoso que
Dios,
no habrá ser, ente o espíritu que pueda hacerte daño.... Y pienso que lo
mismo aplica para la brujería, la hechicería, el budú, los males puestos
y todas esas "artes
oscuras".
Así que en esta noche en particular en que los muertos, espiritus o
energías que han quedado varadas entre un plano y otro de existencia
tienen permiso para manifestarse y en particular los menos evolucionados
pretenden alimentarse de nuestros más profundos miedos... En lugar de
asustarnos, lo único que podemos hacer por ellos
-además de pensar que al igual que nosotros son seres que necesitan
muchísimo amor-, es rezar,
pedir porque su camino se ilumine hasta que llegue el momento en que
ellos mismos descubran que ya no pertenecen a este mundo y ya entonces
puedan marcharse en paz.
¡Feliz noche de brujas a
todos!!!

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