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Reporta: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador Centro Evangélico Maranatha Orizaba, Ver. México
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En cierta tribu africana, se tenía la costumbre de evitar a toda costa el comer gallina salvaje, ya que se consideraba de mucho peligro lo que se tomaba como una certeza sin tener ningún tipo de afirmación científica, esto solo motivado por la superstición y la ignorancia de la gente que había propagado esta historia como si tuviera algún tipo de validez, de lo cual carecía.
De esta tribu, salió un joven a estudiar a Europa, graduándose con una carrera profesional, permaneciendo en el viejo continente durante muchos años, alejado ya de las tradiciones de sus orígenes tribales. Hasta donde vivía, llegó a verlo un bromista amigo el cual, para gastarle una broma, preparó un guisado de pollo común y se lo dio a comer a este amigo, después de haberle corrido una invitación para que lo acompañara a su mesa.
Después de degustar la cena, y felicitar a su amigo por su buen platillo, platicaron de muchas cosas, hasta que el anfitrión para redondear la broma le dijo: "¿Quieres saber el platillo con pollo que te preparé?" a lo que el invitado contestó afirmativamente. La respuesta del anfitrión dejó helado al invitado. "Es gallina salvaje" Al momento y sin previo aviso, el invitado cayó fulminado por un infarto que acabó con su vida.
Esta historia que es tristemente verdadera revela la forma tan íntima en que mente y cuerpo están relacionadas. La comida en cuestión no era ni siquiera el plato mortal, pero la convicción de la mente ante una mentira, desencadenó reacciones bioquímicas del cuerpo que actuaron de forma mortal. Hay muchas enfermedades que solo son sicosomáticas, producidas por la mente, son producto de un problema emocional llevado al plano físico, no de un desbalance real del organismo. Cuantas personas con la muleta de la superstición religiosa son curados por vírgenes, imágenes y predicadores de quinta que únicamente hacen lo que la persona podría hacer por sí sola, lo que deja muchas "sanidades" sobrenaturales en el campo de lo que realmente son: un simple reajuste del organismo. Que no te engañe la superstición.
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