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Reporta: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador
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A raíz de la aparición del libro "Código Da Vinci" y el éxito que produjo, como ha sucedido tantas veces con libros que utilizan la persona de Cristo como eje de controversia. Se han levantado toda una serie de inquietudes entre creyentes y no creyentes respecto a que tan reales son los hechos que tal libro relata. Se duda de la autenticidad de muchas de sus afirmación y se especula sobre otra más que faltaron.
La base del libro de "Código Da Vinci" es la existencia de una sociedad secreta llamada El priorato de Sión a la cual, a través de las edades, se le ha dado la custodia del considerado mayor secreto de toda la historia humana, esto es, "el santo Grial", que, en esta novela, es asociado con María Magdalena, quién de una relación amorosa con Cristo, desarrolla una casta llamada Merovingios.
El santo grial es, pues un receptáculo secreto donde se guardan las pruebas fidedignas de tal relación y de sus consecuentes descendientes. Esto, con el propósito de tener bien identificado a quién le corresponde ser el heredero del poder absoluto para, en su momento, anteponerlo por encima del poder usurpado por la iglesia romana en todo el mundo.
Pero, ¿el priorato de Siòn fue real alguna vez? Si no es así, entonces no hubo Merovingios, no hubo casta divina, no hubo relación sexual y en consecuencia las cosas son tal y como se han conocido desde el principio. Veamos que podemos afirmar al respecto: Los especialistas afirman que el priorato de Siòn es solo una patraña literaria invención de una mente demasiado diestra para el engaño. Los documentos que avalan su origen son una serie de pergaminos falsificados que según Pierre Plantard (promotor moderno de la orden) demostraban la supervivencia del linaje Merovingio.
El propio Plantard se presentaba como el último gran maestre (guardián) de la orden pero bajo, juramento reconoció que, todo había sido una invención suya al desencadenarse un escándalo político en Francia. Así, la idea del priorato mostró su verdadera cara, lo que no ha evitado que mucha gente siga considerando la idea de su existencia como muy gratificante.
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