Estudios

Temas sobrenaturales

Los terrenos del enemigo

 

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador

Centro Evangélico Maranatha

Orizaba, Ver. México

 

 

 

 


UN MUNDO APARTE

 

La Palabra de Dios, la Biblia, fuente de dirección para el creyente, constantemente nos presenta dos mundos, dos dimensiones, dos entornos relacionados en los cuales el bien y el mal luchan por la posesión de nuestra voluntad. Estas dos dimensiones son el mundo físico y el mundo espiritual: el mundo de lo que se ve y el mundo de lo que no se ve. (Hebreos 11.3).

 

En estos mundos, Dios y sus ángeles diseñan el espacio de nuestra mayor bendición mientras que Satanás y sus ángeles luchan para poder estropear estos planes de Dios. En el medio, estamos nosotros quiénes decidimos si los resultados de esta lucha culminan con una bendición para nuestras vidas o con una carga de destrucción y esto, puede pasar por los principios que rigen la conducta de nuestro enemigo.

 

 

INFLUENCIA Y DESTRUCCIÓN

 

Antes de pensar en lo peligrosos que pueden ser los terrenos del diablo, es importante tener claro que es lo que hace sus caminos tan peligrosos. Para ello, vamos a usar dos citas de la Biblia:

 

Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones

2ª. Corintios 2.11

 

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia

Juan 10.10

 

De estas dos citas, vemos una gran cantidad de información que la Biblia nos da para entender cuáles son los propósitos fundamentales del enemigo de nuestras almas.

 

En primer lugar podemos decir que Satanás desea influir en nosotros, asediarnos, oprimirnos, desgastarnos por cualquier medio posible para que, de esta manera, débiles, estemos más sensibles a su influencia ya que, espiritualmente influencia es control. El diablo desea ganar ventaja, desea tener cada vez un mayor control de nuestra que le permita mantenernos en un nivel de tibieza espiritual (Apocalipsis 3.15-16) que nos aleje de cualquier relación satisfactoria con Dios.

 

Por otro lado, viendo en el símil del pastor asalariado un ejemplo de aquel que entra a un rebaño solo para tomar lo propio y siendo el diablo un falso pastor, vemos que, él desea entrar en lo que no es suyo para robar lo que se pueda, matar lo que se puede y destruir lo que se pueda. No importa que sus métodos sean atractivos o seductores a simple vista, incluso puede ser gratificante por un corto espacio de tiempo pero siempre el fin será destructivo, mortal y espiritualmente inservible.

 

Es por ello que, si queremos pisar en los terrenos del enemigo debemos estar enterados de las cosas que podemos esperar de estos sabiendo que, esta información la recibimos de quién vino a desbaratar todas estas obras del diablo: el Hijo del hombre (1ª. Juan 3.8).

 

 

COMO SE EMPIEZA A CAMINAR

 

Sabiendo lo que se nos puede venir encima entrando a los terrenos del enemigo, podemos ver, aunque sea de manera breve algunos de los caminos en lo que podemos quedar atrapados en los caminos del enemigo.

 

La soberbia. El desmedido concepto de si mismo que cada uno de nosotros puede tener en contra de la humildad que debe caracterizar al hijo de Dios (Romanos 12.3) es algo que se disfraza de muchas maneras y suele esconderse sutilmente en la forma de pensamientos normales o inofensivos, desde el “que nadie te diga lo que tienes que hacer” de nuestra infancia o “eres la más bonita de la familia” durante nuestro crecimiento nos pueden convencer que somos mejores que todos y se nos olvida que no podremos nunca ser mejores que Dios. Cuidado: la soberbia nos encadena a pensamientos falsos de nosotros mismos y, en consecuencia a vivir una vida falsa que terminara en destrucción.

 

El ocultismo. Las manifestaciones de las cosas que no son de Dios, donde las prácticas en búsqueda de poder espiritual para dominio y control son una de las mejores armas para que Satanás pueda empezar a ejercer verdadera influencia en nuestra vida lo que puede dejarnos a la merced de su acción. Cuidado: la magia, el uso de amuletos, la adivinación, la búsqueda de lo sobrenatural y los juegos ocultistas tienden trampas para que, las presencias espirituales que no provienen de Dios nos azoten a su antojo.

 

El mal. En el mundo espiritual, nos ha quedado claro que existe el principio de atracción. Si cada uno de nosotros de manera voluntaria o involuntaria practicamos cualquier cosa que sea mala, el mundo espiritual maligno se enfoca hacia nosotros porque ya tiene el derecho de influir. Bajo el mismo principio la búsqueda del bien, hace que el mundo espiritual de Dios se enfoque en nosotros para nuestra bendición. Cuidado: cualquier cosa en va contra la naturaleza de Dios obstruye nuestra victoria espiritual.

 

La falta de convicciones. Normalmente se piensa que lo que debe unirnos a Dios deben ser nuestras creencias en él cuando en verdad las creencias no son importantes sino las convicciones. Una creencia en tener puesto nuestro pensamiento en algo, mientras que una convicción es tener una plena certeza en lo que creemos. En consecuencia, las creencias son ligeras, superficiales y depende de cómo estén andando las cosas mientras que las convicciones son inalterables porque descansan en las promesas de Dios. Cuidado: La falta de convicciones provoca una fe débil, que no resiste, que no puede soportar ataques y que cae rápido ante cualquier prueba.

 

A manera de conclusión, entendamos que, de nosotros depende que el diablo no gane ventaja alguna sobre nosotros y que no nos robe, ate y destruya nada. Dios es un Dios de victoria y no espera lo menos de sus hijos pero estos, deben de cuidarse a si mismos porque esto es una manera de demostrar el amor que le tienen a Dios. Pensemos en todo lo que nos quiere decir la siguiente cita:

 

Ni deis lugar al diablo

 Efesios 4.27