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Guerreros rumbo a la conquista A LA CONQUISTA DE LA TIERRA PROMETIDA |
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Autor: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador Centro Evangélico Maranatha Orizaba, Ver. México
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INTRODUCCIÓN
Casi todo el mundo, cristiano o no, conoce la epopeya de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud que sufrió en Egipto y que está registrada en el libro de Éxodo. La vida y milagros de Moisés en Egipto, han sido fuente de inspiración para muchos, materia de escritura para otros e incluso material para películas de cine y aún hoy sigue dándonos una grandísima cantidad de información de índole espiritual que puede ayudarnos a mejorar nuestra vida y nuestra relación con Dios.
CADA QUIÉN VIVE SU ÉXODO
La esencia de la historia del Éxodo es simple: un pueblo esclavizado es liberado por Dios e inicia un camino hacia un nuevo lugar de morada indicado y diseñado por Dios. En este trayecto, el pueblo enfrenta calamidades que están por encima de su propia fuerza por lo que Dios envía ayuda sobrenatural para lograr que el pueblo logre la victoria. A su llegada, el pueblo debe realizar una conquista que parece imposible para una nación sin formación guerrera lo que termina logrando para terminar instalándose en la tierra buena prometida por Dios, en la tierra de donde fluyen la leche y la miel (Éxodo 3.8).
En cierto sentido, el pueblo de Israel fue un conjunto de guerreros rumbo a la conquista y, esto, hace que la vida de cualquier creyente, se parezca mucho a la historia del pueblo de Dios. Pensemos en esto: nosotros, hemos sido llamados por Dios para salir de la esclavitud del pecado. Dios desea no solo que nos liberemos sino que nos ha proporcionado el medio de liberación (Jesucristo). A partir de nuestra liberación iniciamos un camino hacia nuestra propia “tierra prometida” que es el lugar donde está el Señor (Juan 14.1-3). La mejor manera de lograr la conquista, según Dios, es viviendo como él vivió y tratando de parecernos lo más posible a la persona del Señor Jesús (1ª. Juan 2.6). Dios sabe que, nuestra lucha es sobrenatural y que, nuestra conquista va a enfrentar enemigos que están muy por encima de nuestras fuerzas. Es por ello que, nos dota de una gran fuerza sobrenatural para poder lograr la conquista aún cuando pareciera imposible lograrlo. Esta ayuda sobrenatural es el Espíritu Santo el cual nos va dirigiendo, capacitando y defendiendo.
Si vemos las cosas de este modo, podemos pensar que, todos los creyentes somos guerreros rumbo a la conquista y que, si estudiamos las cosas que al pueblo de Dios le dieron la victoria, encontraremos el camino para lograr nuestra propia victoria ya que, seguramente cualquier persona joven o adulta desea vivir una vida de victoria y no de fracaso. Caminemos entonces con el pueblo de Israel y de su mano, avancemos a la conquista que Dios no tiene preparada.
ANTES DE LA CONQUISTA: ARMAS QUE NOS DA DIOS
Como toda conquista, nuestro viaje a la Jerusalén celestial, ofrece recompensas que, superar a la de cualquier otra conquista que pudiéramos intentar. Por ejemplo, conquistar las metas de Dios nos promete vida eterna, su presencia permanente, sus bendiciones derramadas de manera incondicional, su ayuda en nuestras tribulaciones y una vida de victoria permanente entre muchas otras cosas y, siendo tan grandes las recompensas, es porque grandes son las demandas.
El primer aspecto que tiene que ver con la conquista está relacionado con el hecho de cómo Dios nos prepara para la guerra que nos espera. Es importante reparar en ello ya que, en muchos casos, no somos capaces de entender que, si se nos requiere una conquista o emprender una batalla que parece difícil es porque Dios sabe que somos capaces de vencer, pero, recordemos, no nos deja solos.
Veamos cómo nos prepara Dios para la conquista de la manera en que preparo a Moisés para encabezar la conquista más grande de su tiempo. Dios le da a Moisés tres armas para iniciar la conquista que son las mismas con las que debemos iniciar nosotros nuestra propia conquista pero, antes de ello, debemos entender un poco a Moisés. El había vivido 40 años en medio de la sociedad a la cual ahora se le enviaba como libertador. Conocía el tamaño del pueblo de Israel y el poderío de Egipto. En resumen, Moisés sabía que, por medios humanos la victoria sería imposible por lo que, su incapacidad para responder al llamado de Dios es comprensible.
Cada creyente debe iniciar pensando esto: Dios sabe que en ocasiones, no sabemos qué hacer, el sabe que, en muchos casos estamos confundidos y sabe perfectamente que no sabemos hacia donde se dirige su voluntad porque hemos pasado demasiado tiempo viendo la nuestra. Dios sabe que, si te sientes confundido es seguramente porque tu lucha es grande, conoce el tamaño de tu soledad y el tiempo que has pasado solo pensando que tal vez la vida no tiene el sentido tan agradable que parecía en tu niñez, sabe, que deseas dejar tus hábitos que te resultan en muchos casos incómodos pero que, no puedes hacerlo o no quieres hacerlo, así que, inicia sabiendo que Dios conoce el tamaño de tu conquista y el tamaño de tus enemigos. Si alguien nos entiende, sin duda es Dios.
Primer arma para iniciar la conquista. Moisés recibe el nombre de Dios.
Y dijo Yo soy el Dios de tu padre… entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios; Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Éxodo 3.6,14
Segunda arma para iniciar la conquista: Poder sobrenatural
Dios le brinda a Moisés milagros validatorios de su autoridad e investidura: la presencia de lepra, la vara convertida en serpiente y el agua convertida en sangre.
Tercera arma para iniciar la conquista: Compañía
Ante la inseguridad de Moisés, Dios levanta en Aarón una segura ayuda:
Y el hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios Éxodo 4.16
Tenemos una primera enseñanza. Tú eres un guerrero rumbo a la conquista. Te espera tu tierra prometida, pero primero debes equiparte conociendo quién es Dios o sea, renovando tus convicciones, además de que Dios puede darte el poder de la manifestación del Espíritu para ayudarte además de que nunca estarás solo. A tu alrededor, en tu entorno secular o iglesia, siempre habrá quién sea una compañía que te haga sentir que Dios va a tu lado.
EN PLAN DE CONQUISTA: LOS MANDAMIENTOS DE DIOS
Ya después de estar preparados para la conquista, con las armas en su lugar y para empezar a caminar hacia la tierra prometida, el pueblo de Israel inició un largo camino lleno de problemas que culminaron con su entrada a la tierra de Canaán. Cada uno de estos pasajes nos puede ofrece extraordinario material de reflexión pero, nos concentraremos por cuestiones de espacio en solamente alguno de ellos.
Es, un ejercicio extraordinario de estudio, que el lector vaya siguiendo la ruta del Éxodo de la mano de Moisés y la conquista de Canaán de la mano de Josué para atreverse a ir descubriendo como en cada uno de los episodios que se vivieron, vemos la mano de Dios dejando las huellas para poder obtener la conquista en nuestras vida.
Cuando Dios logra retirar con mano poderosa a su pueblo para llevarlos hacia la tierra prometida, es curioso descubrir que, la conquista no se dio de manera inmediata sino que Dios primero tomo a su pueblo y los llevó a su monte, a Horeb, el monte de Dios para poder dar al pueblo las instrucciones que le aseguraran la victoria y que, pueden asegurar la nuestra. Estas instrucciones vinieron en la forma de mandamientos que regirían la vida del pueblo de Israel en todos los sentidos y que tocaban todos los aspectos de la vida social, cultural e incluso higiénica del pueblo.
Estos mandamientos que terminaron conformando “la ley” fueron 613 mandamientos que, la única pretensión que tenían era desarrollar en el pueblo de Israel el amor en dos maneras: amor a Dios y amor la prójimo. Si la esencia de Dios es amor, es lógico que, la mejor manera de parecernos a Dios es amando. Una síntesis precisa de estos mandamientos que Dios le dio al pueblo la podemos encontrar en los llamados diez mandamientos, que recalcamos, deben ser consideradas diez prevenciones de Dios para poder aprender a desarrollar el amor a Dios y el amor al prójimo.
Analicemos bajo este contexto los diez mandamientos:
No tendrás dioses ajenos delante de mí Éxodo 20.3
Desarrollar el amor a Dios razonando que vivimos bajo la presencia de un Dios único.
No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra Éxodo 20.4
Desarrollar el amor a Dios razonando que no hay cosa creada que supere al Creador.
No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano… Éxodo 20.7
Desarrollar el amor a Dios razonando que Dios es sagrado y merece lo mejor de nosotros.
Acuérdate del día de reposo para santificarlo Éxodo 20.8
Desarrollar el amor a Dios razonando que la relación con Él es una relación para cultivarse.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen Éxodo 20.12
Desarrollar el amor al prójimo con la más cercana figura de autoridad que tenemos: la paterna
No matarás Éxodo 20.13
Desarrollar el amor al prójimo entendiendo que la vida del hombre es una imagen de Dios
No cometerás adulterio Éxodo 20.14
Desarrollar el amor al prójimo entendiendo que hay áreas de una persona que son inviolables
No hurtarás Éxodo 20.15
Desarrollar el amor al prójimo razonando que me merece respeto lo que no me pertenece
No hablarás contra tu prójimo falso testimonio Éxodo 20.16
Desarrollar el amor al prójimo razonando que debo ser justo con lo demás para esperar justicia.
No codiciarás la casa de tu prójimo… Éxodo 20.17
Desarrollar el amor al prójimo entendiendo que mi prosperidad depende de la voluntad de Dios.
Esto, ahora nos hace pensar a todos los guerreros que deseamos alcanzar la conquista que, una parte muy importante de nuestra lucha tiene que ver con lo que hacemos con los mandamientos de Dios. La obediencia a los mandamientos de Dios, incrementa su influencia en nosotros, nos acerca a su imagen y nos hace amarlo más para cada vez depender más de Él.
Lo que hacemos con los mandamientos de Dios es una buena medida del concepto que tenemos de Dios en nuestras vidas. Si los mandamientos de Dios son un lugar importante en mi vida, Dios es importante para mí, pero si los mandamientos de Dios resultan una carga pesada para mi vida, entonces no tengo una fuerte relación con Dios y lo terminaré abandonando en poco tiempo tan pronto como la lucha arrecie.
EN PLAN DE CONQUISTA: TENEMOS EL MEJOR MODELO DE VIDA
Durante el tiempo en el cual los israelitas viajaron rumbo a la tierra prometida y antes de que con la fuerza de las armas y el poder de Dios entraran en Canaán, fueron instruidos por Dios de muchas maneras con respecto a las cosas que podrían encontrar en las naciones con las cuales iban a sostener un choque cultural e ideológico pero más que otra cosa un choque espiritual al ser las naciones de la antigua franja de Palestina animistas y politeístas lo que iba a chocar de frente con el monoteísmo y la reverencia que el pueblo de Israel le tributaba a Jehová. Esta es una de esas advertencias:
Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso. Derribaréis sus altares y quebraréis sus estatuas: y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar. No haréis así a Jehová vuestro Dios, sino que, el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre toda vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ese buscaréis y allí iréis Deuteronomio 12.2-4
Advertencias como estas se repiten a todo lo largo de la ruta del Éxodo y siempre, en todas ellas se aprecia el mismo ingrediente: Dios no deseaba ni desea por ningún motivo que su pueblo sea igual a los pueblos que no lo conocen, por consecuencia, Dios está deseando un pueblo DIFERENTE. ¿Qué tan diferentes somos al pueblo que no conoce a Dios? ¿Somos luz y sal? ¿Somos un referente? ¿Somos un ejemplo digno de imitación? O, por el contrario, somos una fruta amarga pretendiendo vivir como si fuéramos una fruta dulce.
Puede ser que, nos estemos esforzando en acercarnos a Dios y de manera sincera lo estemos buscando, pero, no deseamos en el fondo que el trabaje con lo que tenemos dentro, no queremos cambiar, queremos seguirlo, pero no queremos ser diferentes. Deseamos estudiar la Biblia y conocer lo que en ella hay, pero no deseamos vivirlo porque en el fondo sabemos que tenemos que pagar un precio muy alto, el precio de renunciar a nosotros mismos.
EN PLAN DE CONQUISTA: UN CARÁCTER HUMILDE
Jesús alguna vez dijo que teníamos que aprender de él, y lo que teníamos que aprender de él es la mansedumbre y la humildad de su carácter (Mateo 11.29). Es curioso el contraste que, nos recomiende ser humildes quién tendría todo el derecho de enseñorearse por encima de cualquier cosa. No vino el Hijo del hombre a ser servido, sino a servir (Marcos 10.45) y, esta actitud de servicio ante quién nos lo demande incluso injustamente solo puede provenir de quién no solo se considera servidor, sino de quién tiene humildad en el corazón.
Cuando nos acercamos a pensarlo bien, solamente existen dos tipos de personas en el mundo, aquellas que sirven y quiénes son servidos. En consecuencia, solo existen dos clases de creyentes: los que buscan servir y quiénes desean ser servidos.
Si queremos conquistarnos a nosotros mismos y anhelamos que Dios nos de la tierra prometida de la paz en este mundo y la seguridad de la vida eterna con Él, debemos, a toda cosa, buscar con todas nuestras fuerzas ser desesperadamente humildes. Que la soberbia no se refleje en nuestros actos como consecuencia de que esté viviendo en nuestro corazón. No busquemos la preeminencia, atrevámonos a servir de tal manera que la carga de humillación que podamos recibir la remitamos a Dios y nos de la fuerza para demostrar que el mundo se conquista precisamente de la manera contraria a la que el mundo está acostumbrado.
Veamos este aspecto de la humildad reflejado en los constantes llamados de Dios a su pueblo para no olvidar que su poder no provenía de él sino de Dios.
Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos Deuteronomio 8.11
Y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto de casa de servidumbre; Deuteronomio 8.14
Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas… Deuteronomio 8.17-18
CUANDO TENEMOS LA CONQUISTA: FIDELIDAD A TODA PRUEBA
El pueblo de Israel logró la conquista y, en tiempos de Salomón se convirtió en el imperio más poderoso de la tierra, tal que, la plata, era tan común como el poder levantar las piedras a la vereda de un camino. La conquista que inició con Josué abrió un periodo de cientos de años en donde Israel dio al mundo la mayor herencia cultural que se ha dado jamás.
Pero, a pesar de la conquista de la tierra prometida, no siempre las cosas fueron buenas mas sin embargo, siempre se mantuvo en muchos hombres durante muchos años, una esencia de consagración a Dios que se reflejo en todo lo que hacían.
Veamos uno de estos episodios que reúne todas estas características. Josué, el caudillo que sucedió a Moisés y que introdujo al pueblo de Israel a la tierra prometida ha envejecido. Ya tiene 110 años y siente que ha llegado el momento de rendir cuentas a Dios. Se prepara. Parte de esta preparación consistió en cumplir su rol de líder moral del pueblo transmitiendo las palabras finales que hicieran al pueblo mantener el compromiso que con Dios habían tenido durante su caudillaje.
Josué reta al pueblo con las siguientes palabras:
Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestro padres al otro lado del río, y en Egipto, y servid a Jehová. Y si mal os parece servid a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis, si a los dioses a quiénes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová Josué 24.14-15
Las palabras de la fidelidad cumplieron su cometido. El pueblo declaró unánimemente que servirían a Dios por encima de cualquier otro dios. El compromiso del pueblo fue tal que, Dios permitió que este compromiso fuera añadido al libro que contenía la ley de Dios la cual era considerada sagrada. Además de ellos, las generaciones que sucedieron a Moisés, entendieron y vivieron de cerca un compromiso con Dios que ahora nos habla de una profunda fidelidad.
¿Qué tan fieles somos a Dios? ¿Qué tan importante hacemos que el sea prioridad cada uno de los días de nuestra vida? La fidelidad es un habito que se desarrolla. Soy fiel a Dios porque después de un camino incierto aprendo a darle a el la más grande entrega de mi vida. Cultivemos nuestra fidelidad manteniéndonos cerca de Dios, sirviéndole, entregándonos, respondiendo al llamado que él ha puesto para mi vida.
Somos guerreros, hemos conquistado la salvación, pero, debemos luchar permanentemente para, cuando nos sea entregada la recompensa, la recibamos por haber producido el fruto que se esperaba de nosotros.
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