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Los niños ante el ataque de Satanás
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Autor: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador Centro Evangélico Maranatha Orizaba, Ver. México
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EL LIMITE DESCENDENTE DE LA INOCENCIA
La Biblia afirma de los niños en palabras de Jesús:
Entonces dijo Jesús: dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos Mateo 19.14
El salmista hablando de la bendición de los niños dice:
Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre Salmo 127.3
La niñez, la etapa de entrada al mundo, es la etapa del aprendizaje y de la institución de las bases sobre las cuales se desarrollará un adulto veraz y maduro, falso y desajustados socialmente. El niño nace en un estado moral de inocencia lo que lo hace propiedad de Dios y propietario de una fe que gana al cielo. Su naturaleza como la de cualquier ser humano, es una naturaleza carnal que tenderá a orientarlo al pecado, desarrollando con esto su conciencia que necesitará en su momento de la presencia de un Salvador en su vida. En este contexto, el trabajo de Satanás está enfocado a disminuir la barrera de la inocencia para permitir que un niño llegue al estado de pecado lo que hará que el niño pierda su comunión con Dios.
EL PROBLEMA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
En Mateo 24, Jesús habló de las señales que se presentarían conforme nos acercáramos al final de los tiempos. Una de ellas sería el desmedido aumento de la maldad (versículo 12) que provocaría el enfriamiento de las personas. Los tiempos que enfrentan nuestros niños son tiempos difíciles. Viven en un entorno en donde tienen a la mano más información de las que su madurez mental y emocional puede asimilar lo que los vuelve "más despiertos", pero, eso no significa que sean más sanos o morales y por el contrario si se vuelven mas propensos a pecar. La lucha que los niños están sosteniendo contra su naturaleza se está volviendo y se volverá cada vez más y más encarnizada. Las caricaturas y los medios masivos de comunicación cada vez más incitarán sus impulsos para que crean que pueden y deben vivir conforme a ellos. Cada vez más, los niños serán cuestionados sobre sus principios y estarán en la disyuntiva de ser parte o queda fuera de lo que propiciará que sus vidas en muchos casos terminen siendo una mezcla de cristianismo y mundanalidad.
Aunado a esto, tenemos que poner encima de ellos la carga que les imponen las iglesias, una carga que los hace insensibles al pecado y que termina degradando los preceptos morales de la Palabra de Dios. Como muestra de todo esto, presento una encuesta publicada durante los meses de Mayo - Agosto del 2003 en la página Encuentro Cristiano.
Pregunta: ¿Que afecta más a un joven cristiano? Respuestas: El comportamiento de los amigos incrédulos: 9 votos El testimonio de los jóvenes cristianos: 10 votos El testimonio de los adultos cristianos: 9 votos El testimonio de su familia cristiana: 20 votos
¿QUE PODEMOS HACER?
Las medidas para enfrentar estos problemas deben ser preventivas, no correctivas. Una vez que se ha lastimado a un niño y se le ha condicionado a una religiosidad vacía sin compromiso con Dios, es muy difícil lograr que el niño sienta en carne el amor a Dios. Es casi un hecho, que desarrollará conductas que conllevarán pecados con consecuencias que seguramente serán dolorosas para él o ella. En este lapso es cuando a veces, solo con el poder de la disciplina del Señor, se puede hacerlos volver en sí.
A continuación coloco una lista no exhaustiva pero al menos los suficientemente amplia de lo que vendrían a ser las responsabilidades éticas de los padres hacia los hijos y que son medidas para evitar que nuestros niños caigan en las manos de Satanás.
UNA REFLEXIÓN FINAL
Los padres, como hemos visto anteriormente, tienen y sostienen el compromiso único y permanente de mostrar el carácter de Dios en sus vidas para que sus hijos aprendan a amar este carácter y decidan voluntariamente desarrollarlo, partiendo de la obligación de que los hijos deben en su momento y en su tiempo, hacer una profesión honesta de fe en Cristo.
Pero, después de esta responsabilidad primaria, se avienen otras que revisten vital importancia. La primera responsabilidad hace crecer sana el área espiritual de nuestros hijos para dejarla lista para recibir la voz de Dios para que puedan sentirlo y comprometerse con él, pero, las demás responsabilidades desarrollan el área afectiva, social y emocional de nuestros hijos. Descuida la primera en favor de las segundas, hace crecer hijos sin conocimientos y deseos de estar en las cosas de Dios, pero poco capacitados para enfrentar la vida. A la inversa, podemos tener hijos excelentemente desenvueltos en lo social, pero vacíos espiritualmente y sin compromiso con Dios.
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