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Estudios bíblicos

Psicología y reflexión

Defendiendo lo propio

 

 

 

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel

Moreno Montoro

Administrador


 


 

 

 


EN PROBLEMAS DESDE EL MISMO NACIMIENTO

 

Despreciado es una buena palabra que puede definir a la perfección lo que fue la persona y ministerio de Jesucristo. En muchas ocasiones y sentidos, Jesús fue despreciado y ese desprecio se vio reflejado en muchos actos y circunstancias de su vida empezando desde el momento mismo de nacimiento.

 

En esta etapa de su vida, es famoso el episodio de la “matanza de los inocentes” durante el cual, Herodes, mandó asesinar a todos los niños menores de dos años del pequeño pueblo de Belén y sus alrededores, esto, tratando de matar a quién podría al paso de los años reclamar el trono de Israel.

 

Mucho se ha escrito de una manera muy profunda para reflexionar en este episodio de crueldad que selló la vida de los inocentes de Belén y que, sin lugar a dudas, manchó de sangre lo relacionado con el nacimiento del Hijo de Dios para morar entre los hombres, pero, en este estudio, deseamos que algo nos enseñe la propia persona de Herodes. Queremos encontrar en este personaje, una buena lección de entrega que nos haga dar valor a la navidad y a lo que podemos lograr cuando no retenemos nada para dárselo al Señor.

 

Miremos en Herodes dos cosas, que le convirtieron en enemigo de Dios.

 

 

HERODES: LA PROFUNDIDAD DE LAS HERIDAS

 

Herodes llegó a ser legendario por su crueldad. El emperador Augusto César obre por encima de Herodes en el juego del poder llegó a afirmar que el prefería ser el perro de Herodes y no su hijo. Cuando la familia de los Macabeos fueron expulsados del gobierno en Palestina, los romanos instauraron a la familia de los Herodes. Quién gobernaba Palestina al nacimiento de Jesucristo era conocido como Herodes el Grande.

 

A lo largo de su vida son numerosas las muertes atribuidas a este personaje. Acabó por igual con la vida de hijos, esposas y gente cercana a él lo que hacía teniendo como objetivo una única meta: conservar el poder de su gobierno. Esto nos permite entender la reacción que tuvo cuando, contando con más de 70 años supo del nacimiento de un Rey para Israel con el legítimo derecho de ascender y reclamar el trono de Israel.

 

Esto, hace aparecer aquí una amplia distorsión en la mente de un hombre que, viviendo tantos años de vida entre el juego del poder, dejo que sus afanes dominaran su razón por medio de la figura de la ambición, Herodes, como cualquier persona de poder o en el poder, olvido que el poder humano es efímero, no perdura. No existe riqueza material que goce de la bendición de ser eterna, pero, la búsqueda de la misma, llevó a Herodes a perder toda noción de razonamiento sano. Aquí es donde Herodes nos puede dar una buena reflexión. ¿Qué cosas nublan nuestro juicio? Toda persona tiene una parte de su edificio donde toda la estructura suena peligrosamente débil. Todo creyente de manera obligatoria debe tener plenamente identificada el área donde su consagración peligra.

 

 

DETENER O ENTREGAR

 

Herodes, con el riesgo que siente de perder el trono, indaga diligentemente de los magos el tiempo en el cual ellos lograron entender el mensaje de la estrella que desde los cielos anunciaba la llegada del Mesías de Israel (Mateo 2.7).

 

Los magos viajan a Belén pero no llegan a un pesebre, sino a una casa (Mateo 2.11) lo que implica que, la estrella que se volvió una guía para ellos, los llevó a un lugar distinto de Belén o, José y María después del censo se quedaron a vivir en Belén encontrándose ya para ese momento en una casa en donde se recibió la adoración y la entrega (Mateo 2.11).

 

Lo cierto es que los magos fueron guiados por una estrella y llegaron donde Dios les había enviado. Adoraron ya no a un bebé sino a un niño que después tuvo que huir.

 

De acuerdo a lo que había charlado con los magos, Herodes dedujo que el niño Jesús tendría a lo sumo dos años de edad lo que le hizo mandar a asesinar a todos los niños de esa edad y menores que estuvieran en Belén. Hoy se calcula que la matanza debió de incluir a unos 15 a 20 infantes.

 

Este sangriento acto nos permite ver un segundo aspecto en la mente de Herodes que puede traer una buena lección a nuestras vidas.

 

En el apartado anterior, vimos a Herodes como un hombre con una mente enferma. Su área débil, su ambición y su sed de poder tenían controlado hasta los aspectos más íntimos de su persona. Herodes era un enfermo que no quería sanar.

 

Pero, además de ello, Herodes tuvo una oportunidad de abrir un último espacio a la humildad y reconocer que a su alrededor cosas provenientes del cielo estaban pasando. Herodes, tuvo su oportunidad para dar pero, en lugar de ello, prefirió retener. El retener, pensémoslo bien, no iba a aportar nada a un hombre que rebasaba los 75 años de edad y que murió tan solo 2 o 3 años después de la matanza más sin embargo, la ambición desenfrenada de Herodes nos demuestra al menos dos cosas. Primero, con la edad, indudablemente nos volvemos más viejos pero también más necios y, que en su corazón ya no existía la posibilidad de la salvación. Herodes selló su corazón a la gracia y las puertas de los cielos se sellaron para él perdiendo al final, las dos cosas a las que tuvo posibilidad, la vida eterna y su reino que paso a manos de su hijo Arquelao.

 

Es curioso como Herodes incluso quiso ganarse la simpatía de los judíos construyéndoles un templo que inicio en el año 20 a.C.y que aún en tiempos de Jesucristo se estaba construyendo y ni así logro atenuar su ambición o la opinión que la gente tenía de él.

 

 

¿YO QUE RETENGO?

 

Dios es el gran dador del Universo entero. Dios da, da sin medida, da medida buena, medida suficiente, medida justa y solo cuando el creyente da es como refleja en sus acciones el carácter de su Señor. Es por ello que la Biblia promete una mayor bendición para el que da, que para el que recibe y, aun cuando una expresión de dar se refleja en las ofrendas que entregamos a Dios o a sus siervos, pensemos por un momento en las cosas importantes y que son las que realmente definen a una persona. Pensemos en lo que definía a Herodes y pensemos en lo que me define a mi.

 

¿Qué estas negociando con Dios?

¿Qué hay por entregar que aún no está en sus manos?

 

Todas las cosas que nos resistimos a dar, pueden acabar con nosotros. Dios desea que, todo lo que pueda ser una carga en el futuro se convierta en una cadena rota en el presente. Si Herodes hubiera entregado la ambición a Dios, en las escuelas se enseñaría sobre el carácter magnánimo y la gentileza de un monarca, pero a cambio, no hay programa de navidad donde no aparezca este personaje como un reflejo de maldad.

 

Nosotros, reflejemos a Dios. Demos, pero también démonos a nosotros mismos. Si le estamos dando a Dios algo, sin que en ello vaya incluido el corazón, en realidad no le estamos dando nada.