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Autor: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador
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¿QUE ES LA DEPENDENCIA?
La palabra dependencia hace referencia a una necesidad compulsiva de algo y cuando usamos la definición de compulsiva nos referimos a algo que no puede evitarse lo que implica que una persona con dependencia es alguien que no puede evitar necesitar algo a alguien para poder llevar a cabo su proceso normal de vida.
Este concepto de dependencia por ende es un concepto enfermizo cuando nos referimos a las personas. En el contexto de los seres humanos la dependencia puede no ser buena y, es mejor tener más que una dependencia una correspondencia, o sea una relación en la cual circule información que ayude a ambas partes a ser mejores la una para la otra.
Por ejemplo, un hijo debe ser correspondiente con sus padres, ellos le deben dar la información que requiera para que su vida marche de la mejor manera, pero, no debe depender de esta información para tomar buenas decisiones. Alguien podría pensar en este punto que, si una dependencia lleva a alguien a solo hacer cosas mejores no es mala, pero, el punto es que las fuentes de dependencia no siempre están disponibles para quién las requiere. El padre no siempre estará al lado del hijo o de la hija y cuando esto llegue a pasar, la pregunta es si la persona seguirá tomando buenas decisiones o no.
LA UNICA DEPENDENCIA QUE CONSTRUYE
Cualquier dependencia encadena u obliga a determinadas cosas, pero, en palabras de la Biblia hay una sola dependencia que puede ser buena y puede aportar lo que necesitamos para poder ser mejores personas. Veamos unas citas de la Biblia:
y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. Colosenses 2.10
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15.5
Y esto refleja esta característica de la inmadurez, el estar siempre aprendiendo sin terminar de hacerlo. Escuchar y escuchar sermones que terminen representando nada, no provocan reacción alguna y, se mantiene la misma carnalidad que se tenía instantes antes de aceptar al Señor además de que se mantiene una condición de mundanalidad permanente donde lo que el mundo ofrece se vuelve una meta de vida. Es normal, el aprendizaje no aprovecha en nada ni aporta ningún cambio apreciable, que sea significativo o que provoque fruto alguno para Dios.
UN POCO DE CERTIDUMBRE
¿Cómo podemos tomar certidumbre en una condición así?
La primer parte y la más importante es identificar nuestra condición. Pero, para hacer esto, debemos movernos no a la luz de nuestros propios criterios sino a la luz de nuestro modelo de vida. Si nos comparamos con nosotros mismos, siempre saldremos ganando, pero, si nos comparamos con Dios, inevitablemente siempre saldremos debiendo y esa deuda es la que debemos poner por obra. Una de las mejores comparaciones es ver que tanto es manifiesta la carne en nosotros y que tanto es el Espíritu el que se mueve en nuestro entorno.
Esto, puede hacerse en el comparativo que Pablo ofrece en Gálatas capítulo 5 cuando pone en contraste las obras de la carne con el fruto del Espíritu. Lo que más tengamos es lo que nos está gobernando.
Una vez que identificamos nuestra condición ahora debemos revertir nuestra situación y la mejor manera es poder persistir en la practica de lo que aprendamos. A este respecto nos puede ser útil identificar un mandamiento de la Biblia que nos demos cuenta que está relacionado con nuestra vida y nos pongamos a entenderlo hasta que nos demos cuenta que ya lo estamos viviendo. Después de esto continuar con un segundo mandamiento y así sucesivamente hasta alcanzar una condición de vida que nos acerque a Dios.
Podemos llegar a ser la clase de hijos de Dios, que nosotros queramos.
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