Translate
Principal - Estudios bíblicos
 

Estudios bíblicos

Psicología y reflexión

Ejemplos de perdón en el AT

 

 

 

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel

Moreno Montoro

Administrador


   


 

 

 

 


DESDE TIEMPOS ANTIGUOS

 

Como podemos todos deducir, los procesos de perdón son tan viejos como la existencia del hombre sobre la tierra. Como personas todo el tiempo estamos recibiendo ofensas o cometiéndolas. En otros estudios relacionados con este que están en este mismo espacio descubrimos en la Biblia que el perdón es borrar, es indultar, es remitir, que es incondicional y que debe ser permanente.

 

Pero, en la Biblia no solo encontramos definiciones sobre el perdón lo que significa o como debe ejercerse. Además de ello, vemos a las personas de la Biblia ejerciendo el perdón por lo que, asumiendo que sus vidas eran dirigidas por Dios podemos ver en ellos principios sobre el perdón que también conviene aplicar.

 

Haremos un recorrido por dos historias del Antiguo Testamento para encontrarnos con dos principios sobre el perdón que nos enseñan dos personajes de la Biblia.

 

 

EL PERDÓN REQUIERE TIEMPO

 

Jacob y Esaú vivieron intensos momentos espirituales y, en uno de ellos el perdón fue el principal personaje central pero, antes de analizar su momento de perdón filial, vamos a ver los antecedentes para entender que los llevo a ese momento y, sobre todo, como llegaron ellos ahí.

 

Jacob es amado más por su madre Rebeca (Génesis 25.28). Jacob aprovechándose de cómo sus instintos controlaban a su hermano Esaú, le roba el derecho de primogenitura que le permitía a Esaú reclamar 4 veces más herencia que su hermano (Génesis 25.29-34). Al paso del tiempo, con ayuda de su mamá, Jacob además, le roba a su hermano la bendición que su padre le iba a dar (Génesis 27), esto, provoca la ira de su hermano Esaú quién como consecuencia, se consuela con la posibilidad de matar a su hermano.

 

Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.

Génesis 27.14

 

Jacob huye de su hermano y pasa un largo tiempo con la familia de su mamá con la cual termina teniendo problemas y sale huyendo en dirección hacia la tierra donde antes habitó. Cuando se dirige hacia su tierra natal, lo primero que hace Jacob es que manda un aviso a su hermano de que se dirige hacia allá para ver si podía ser recibido (Génesis 32.5) lo que demuestra que Jacob tenía la intención de solucionar las cosas, tenía el deseo. Como resultado de su mensaje Esaú marcha a buscarlo con ejército de 400 hombres (Génesis 32.6). Esto seguramente atemorizó a Jacob.

 

Como respuesta Jacob divide sus personas y sus posesiones en dos campamentos (Génesis 32.7), luego ora a Dios pidiendo su ayuda para el momento de perdón del cual ya no puede esconderse como lo hizo en otras ocasiones (Génesis 32.8-12).

 

Luego de eso, Jacob prepara tres grupos que envía delante de él como presentes a su hermano con la clara intención de que si su hermano con su ejército quería matarlo, destruyera los presentes y no tocara los campamentos donde tenía la mayoría de sus posiciones y la gente que amaba (Génesis 32.20).

 

Después de esto, al día siguiente Jacob llega al encuentro de su hermano y, entonces separa a sus cuatro mujeres con sus hijos dejando atrás a los hijos y la mujer que más amaba y él, pasa al frente de los grupos a enfrentarse con su hermano (Génesis 33.3). Seguramente, contrario a lo que Jacob esperaba, su hermano va donde él esta y llora haciéndole saber que ya la ofensa entre ellos había terminado (Génesis 33.4).

 

Ahora, la conducta de Esaú y de Jacob tiene mucho que enseñarnos, al enviar Jacob mensajeros eso nos demuestra que tenía la disposición de completar el proceso de perdón con su hermano. Por otro lado, cuando se entera que su hermano viene a encontrarse con él, esto despierta su temor y, entonces no busca rehuir el encuentro pero si influir en él. Esaú le demuestra que no tenía cuentas pendientes con él.

 

Aprendemos primero que, el perdón necesita su tiempo, no siempre se puede ejercer o recibir el perdón de inmediato, como en el caso de estos dos hermanos, tuvieron que pasar años y que alcanzaran la madurez para poder estar listos para enfrentar un proceso de perdón. Si el perdón lo forzamos podemos lastimas más a los implicados. Tenemos que tener la sabiduría para saber cuándo es el tiempo del perdón. Si somos externos a un proceso, no podemos marcar tiempos hasta que todo esté listo, y, seguramente nos preguntaremos, ¿Cómo podemos saber esto?, pues lo podemos saber si aplicamos nuestra siguiente enseñanza.

 

Esaú estaba listo para dar el perdón por las ofensas que en verdad Jacob había cometido contra él, pero curiosamente las reacciones de Jacob nos enseñan que, a pesar de que ya se había encontrado con Dios, las consecuencias de sus acciones le llevaron a no estar listo para pedir el perdón lo que terminó haciendo humillándose delante de su hermano.

 

No apresuremos el perdón, veamos cuando ya estemos listos para dar o para pedir el perdón.

 

 

SI NO ESPERO NADA, NO SOY OFENDIDO

 

Uno de los grandes problemas con el perdón es que muchas veces, alguien hace algo que no me esperaba que pasara, esto nos lleva a concluir, si yo esperaba que tal cosa sucediera seguramente el daño que recibiría por las acciones en mi contra sería menor, y, eso es completamente cierto.

 

Pensemos en el rey David, después de dar la más grande victoria a los hebreos sobre los filisteos al matar a Goliat, es despreciado por Saúl, el rey de Israel que habiendo sido ungido como tal prefería seguir sus propios impulsos y Saúl, convierte a David de un guerrero a un guerrillero que durante años tiene que pasarse escondido porque el rey lo busca con sus ejércitos en distintos momentos para quitarle la vida. Vamos a analizar uno de esos momentos.

 

Cuando David se escondía en el desierto de En-gadi le es dado aviso a Saúl que se encontraba ahí, entonces Saúl sale con un ejército a tratar de matarlo (1 Samuel 24.1-2) mientras David se esconde en una cueva de la persecución; llegando al lugar, Saúl entra a la misma cueva donde David estaba a hacer sus necesidades fisiológicas momento en el cual era propicio que David lo pudiera matar (1 Samuel 24.4) y eso fue lo que recomendaron sus hombres.

 

David decide no atentar contra la vida de Saúl bajo la idea clara que él tenía que Saúl era un ungido de Jehová (1 Samuel 24.6) por lo que si Dios había llevado a Saúl al trono, Dios podía removerlo de ahí lo que terminó sucediendo.

 

De este ejemplo aprendemos igual que con la historia de Jacob y Esaú dos cosas sumamente interesantes, primero, los hombres de David le decían que era Dios quién le había dado la oportunidad de la venganza y, si David hubiera intentado agredir al rey Saúl, nadie lo hubiera juzgado por el tiempo de guerra que había y por la apostasía que el rey Saúl manifestaba, pero David no vio en estos argumentos algo más grande que sus convicciones. Tengamos cuidado, en los procesos de perdón no todo lo que parece justo, es lo correcto si consideramos que, la venganza es de Dios y solo él poder de poner no las cosas sino a las personas en orden.

 

Nada movido hacia la venganza puede proceder de Dios, nosotros estamos bajo la ley del amor y vivir bajo esa ley, nos brinda la oportunidad de que no seamos controlados por ideas que, aunque humanamente parecen justas, no son correctas.

 

Por ultimo David tenía una noción clara que nadie podría romper, él no podía atentar contra Saúl, el no esperaba nada de Saúl el solo confiaba en Dios así que, si aprendemos a depender únicamente de Dios no habrá ofensas que atender. Pensemos en esto, exijamos muchos de nosotros mismos y no esperemos nada de nadie, de absolutamente nadie y así, evitaremos muchos conflictos y no daremos oportunidad a que la falta de perdón llegue a nosotros.

 

Darle tiempo al perdón, estar listo para dar o recibir el perdón, no hacer uso de la venganza mientras el proceso de perdón termina y, preocuparnos solo de nuestra relación con Dios por encima de la relación con cualquier persona nos ayudará a vivir mejor nuestros tiempos para perdonar.