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Estudios bíblicos

Psicología y reflexión

Heridas que yo me provoco

 

 

 

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel

Moreno Montoro

Administrador


   


 

 

 


Basado en el libro:

Sanidad espiritual

 

EL ENGAÑOSO LIBRE ALBEDRÍO

 

El mayor regalo que Dios pudo habernos dado es nuestro libre albedrío, la capacidad de tomar nuestras propias decisiones y el derecho de hacer lo que creamos conveniente sin que nadie pueda influir en ello, ni siquiera Dios que si cree en el libre albedrío lo respeta porque desea mejor una adoración voluntaria antes que una religiosidad por obligación.

 

Sin embargo, a veces, nuestro libre nos mete en serios problemas porque siempre va a estar regido por nuestra carne, por nuestra propia maldad que siempre nos impulsará a hacer las cosas que son contrarias a la voluntad de Dios, y, nos debe quedar claro, en muchos casos ni siquiera nosotros mismos somos capaces de determinar cuánto el corazón puede estar controlándonos (Jeremías 17.9).

 

Aquí, trataremos de entender las cosas que nosotros mismos hacemos y que terminan lastimándonos y esclavizándonos.

 

 

EJEMPLOS EN LA BIBLIA

 

En la Biblia vemos muchísimos ejemplos de personas que, provocándose sus propias heridas, vivieron en de forma antagónica con la voluntad de Dios y eso termino en muchos casos con su vida. Por ejemplo, Caín que ante el rechazo de su ofrenda sin consagración decide echar mano del orgullo lo que lo deja con una marca de rechazo que le acompaño toda su vida (Génesis 4.1-15), Demás acompañante de Pablo que toma la decisión de enrolarse en los negocios del mundo dándole la espalda a los negocios del Señor (2 Timoteo 4.10), Amnón el hijo de David que si bien tuvo heridas que lo hicieron intemperante, bien pudo tomar el control de la pasión desordenada que sintió por su media hermana Tamar y sin embargo, eligió sucumbir a una pasión que lo llevó a la muerte (2 Samuel 13).

 

 

LO QUE NOS LASTIMA

 

Dentro de esta categoría de las cosas con las que nos lastimamos podemos considerar:

 

Hacer las cosas que no son de Dios

Desobediencias a los mandamientos de Dios

Pisa los terrenos del enemigo

 

 

LO QUE NO ES DE DIOS

 

Cualquier cosa mala trae una mala consecuencia, siempre es  así todo lo que no provenga de Dios nunca será bueno. La Biblia dice que no amemos al mundo (1 Juan 2.15) porque en el mundo no vamos a poder encontrar nada que se relacione con el amor de Dios.

 

Hacer, practicar o vivir donde Dios no está siempre traerá una mala consecuencia, una herida y esa herida nos controlará hasta destruirnos. Todo lo que hay en el mundo, el tener, el alcanzar, el ser más que los demás, el que nuestro nombre se escriba con letras más grandes que el nombre de los demás pueden acabar encerrándonos en una esfera en donde desesperadamente solo veamos por nosotros mismos y no por lo que es la voluntad de Dios. Debemos alejarnos de ello.

 

Antes de pensar en algo, o hacer en algo porque veo que debe hacerse de una forma determinada, preguntémonos, con esto que voy a hacer, voy a darle la gloria a Dios y, si no es así, lo mejor será ni siquiera intentarlo (Isaías 43.7).

 

 

DESOBEDECIENDO LOS MANDAMIENTOS

 

Desde los tiempos del antiguo pueblo de Israel (Deuteronomio 28) Dios fue claro en decir que cualquier obediencia a sus mandamientos conlleva una bendición mientras que, cualquier desobediencia implica una maldición. Si bien las maldiciones todas, acabaron en la cruz, las consecuencias de vivir lejos de la voluntad de Dios nos pueden alcanzar y esclavizar de una manera en que puede nuestra vida acabar en una esclavitud de destrucción

 

Los mandamientos de Dios, como en otros espacios lo he expresado no son prohibiciones, son prevenciones y tienen el propósito de hacernos mejores personas, son como las cargas de los atletas para desarrollar mayor fuerza y elasticidad en sus miembros, pero, cuando desobedezco estos mandamientos, las cargas se vuelven pesos porque empezamos a enfrentar las consecuencias de nuestras malas decisiones que Dios usará para atraernos hacia él, pero el enemigo las querrá utilizar para reducirnos a polvo.

 

Los mandamientos de Dios no se piensan, no se meditan, no necesitan ser actualizados o necesitan parche o enmiendas, solo se obedecen tal cual están manifestados.

 

 

PISANDO LOS TERRENOS DEL ENEMIGO

 

Cuando un creyente de manera errónea pisa los lugares donde el diablo anda, se abre una herida que puede manifestarse de muchas maneras para acabar con nosotros. No debemos olvidar que el diablo solo vino a hurtar, matar y destruir (Juan 10.10) y cuando nos acercamos a las cosas suyas, nos acercaremos a la destrucción.

 

Nos acercamos a los terrenos del enemigo cuando pisamos los territorios de la magia, la hechicería y la superchería y pareciera que los creyentes no andamos en estos asuntos pero, cuando como creyentes a veces, ponemos más nuestra confianza en la superstición que en la fe, nos guiamos por vista, no por fe, y recordemos que todo lo que no proviene de fe, es pecado, gran pecado (Romanos 14.23).

 

Es responsabilidad de cada creyente el mantenerse alejado de cualquier cosa que pudiera acercarnos a los territorios del enemigo, ninguna medida de salud que no venga de Dios, ningún tipo de rito que se acerque a lo sobrenatural, ningún tipo de amuleto, objeto o marca que creamos que nos puede dar una bendición e incluso ningún tipo de consulta de carácter sobrenatural que nos dé el beneficio de la suerte para obtener algo que sea la voluntad de Dios que lo obtengamos no por el trabajo y la conducta honesta en el mundo.

 

 

¿Y QUE HACEMOS CON ESTO?

 

Las heridas que nosotros nos provocamos, son muy difíciles de encontrar, porque cada persona trata de justificar siempre lo que hace, pero, cuando lo encontramos es fácil deshacernos de ello, por lo que, animamos a todos los lectores creyentes de este estudio a hacer una verdadera introspección para encontrar todo aquello que debemos entregarle.

 

Renunciando a ello, quedamos bajo el cobijo de nuestro Dios y no tendremos que cargar con las consecuencias de un mal que no debimos de habernos hecho.