|
|
||
Autor: Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro Administrador
|
De todos los procesos en los que entran las relaciones personales, es indudable que el perdón es uno de los más complicados. Sin lugar a dudas, el que dos personas tengan cuentas pendientes por eventos presentes o por la acumulación de eventos en el pasado y más que eso, el hecho de enfrentar esas cuentas pendientes para tratar de solucionarlas es algo que pocas personas pueden hacer o enfrentar y, el hecho de que una persona sea creyente de la fe en Cristo no garantiza de forma alguna que no se tengan cosas que perdonar. La falta de perdón va de la mano de la naturaleza humana (recordemos que el pecado nos vuelve seres egoístas) por lo que pocos permiten el daño interior y se resisten a hacer cualquier cosa que los ponga en condición de “desventaja” o “debilidad” de acuerdo a su propio criterio.
Así de difícil es el perdón y, a la dificultad inherente que existe para practicar el perdón añadamos el hecho de que se desconozca lo que la Biblia enseña sobre el perdón y que no se sepa cuál es el camino que debe caminarse para poder volvernos personas de perdón. En este sentido, no debemos dejar de lado la evidencia que no podemos saltarnos de que somos seguidores de un Dios de perdón, de un Dios que en el perdón encuentra el mejor lenguaje para que apreciemos el amor que nos tiene. Pensemos en cuantas cosas desde que abrimos los ojos él ha deseado perdonarnos aunque nosotros no lo merezcamos. Lo mismo, espera de nosotros.
DEFINICIÓN DE PERDON
Para poder enrolarnos en los asuntos del perdón, tenemos que mirar el perdón como Dios lo mira, ya que al hacer eso logramos desprendernos un poco de las circunstancias (de lo que nos hicieron). No olvidemos que, una vida realmente espiritual se comienza a vivir cuando dejamos de lado las circunstancias y nos esforzamos por vernos como Dios nos ve. El punto de vista de Dios representa la forma de pensamiento que debiera regirnos, lo que debiera normar conducta y pensamientos.
EL PERDÓN ES…
Una definición secular de “perdón” nos hace ver que es una condonación, es el cese de una falta, el perdón no es algo que se obtiene, es algo que se otorga. El perdón cumple sus propósitos y funciona solamente hasta que nos es otorgado si nosotros fuimos los ofensores, nosotros podemos hacer mil cosas para alcanzarlo pero, en tanto no se nos otorgue, no lo tenemos, no hay remisión no se ha condonado la falta.
Esta condonación, esta remisión (renunciar a un derecho sobre algo o alguien) es algo que entra también en los terrenos de Dios debido al hecho de que Dios voluntariamente renuncia al derecho que tiene de cobrar la deuda espiritual que adquirimos con él al pecar apartándonos de su voluntad. Pero, Dios para hacernos más comprensible su idea sobre el perdón, nos ha dejado en su Palabra varias figuras de lo que para él es perdonar. Estudiar estas ideas nos acercará más a lo que para Dios significa equiparnos con él renunciando al derecho que tenemos sobre algunas personas por el daño moral que nos hayan hecho.
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43.25
Para Dios el perdón es BORRAR, no significa solamente condonar una deuda, significa borrar todo registro de la deuda, no solo anota en su libro que hemos pagado la que debíamos, en cierto sentido se deshace del libro del registro de deudas. No hay condenación para el que está en Jesús por lo que únicamente nuestras obras hechas en la fe de Cristo representan para él un juicio de recompensa no de condena por que sus registros de nuestras faltas y culpas han desaparecido.
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Mateo 26.28
Para Dios el perdón es UNA REMISIÓN, es la renuncia de su derecho de exigir un justo pago por las ofensas cometidas. El perdón es una gracia, es una muestra de amor inmerecido hacia alguien que no merece nuestra actitud de amor y condescendencia. Una remisión no demuestra debilidad, al contrario, muestra una fuerza impresionante que alguien tiene para renunciar a algo que por derecho le pertenece.
Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia. Isaías 55.7
Para Dios el perdón ES UN INDULTO es otorgar un perdón incondicional, es acabar con cualquier cobro posterior por la falta que se ha cometido. Un indulto nos hace ver a las personas que nos han ofendido como lo que son, personas que nunca obraron en sus cinco sentidos o en amor cuando nos hicieron lo que nos lastimo tanto.
Esto es perdonar para Dios. Claramente salta a la vista que, lo que Dios desea que hagamos al perdonar sea mucho pero mucho más amplio y profundo que lo que las emociones o la psicología nos requirieran. Debemos entender que cada vez que nos presentamos ante Dios no somos ni remotamente conscientes de como su sangre está haciendo expiación (cubriendo) nuestra maldad. Cada vez que venimos ante Dios estamos ante un Señor que requiere perfección total y que no mira en nuestras buenas intenciones la justificación para faltar a sus mandamientos. Es bastante ilustrativo en este sentido el pasaje de 2 Crónicas 30.18-20 en donde Dios debe perdonar a sus hijos que no cumplieron con el rito de purificarse antes de comer en su presencia. Este Dios que es capaz de perdonar tantas cosas cotidianas de nosotros, espera lo mismo de quiénes lo siguen. No estamos preparados para el sacrificio de la vida cristiana si no estamos dispuestos a pagar el sacrificio del perdón.
Crezcamos por medio del perdón, seamos más espirituales por medio del perdón, seamos más la imagen de nuestro Cristo por medio del perdón, borremos los registros de nuestras deudas morales e incluso de las materiales, renunciemos al derecho de reclamar el pago de una deuda, demos el indulto para que la persona que nos lastimo sea completamente libre y por fin la veamos no como quién nos lastimó sino como alguien en necesidad de Dios que en su extravío nos afectó sin estar consciente de lo que hacía.
|