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Estudios bíblicos

Psicología y reflexión

Toxicología espiritual

 

 

 

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel

Moreno Montoro

Administrador


   


 

 

 

 


CIENCIA MEDICA O VIDA ESPIRITUAL

 

La toxicología es la rama de la medicina que se encarga de estudiar los efectos que las toxinas o las sustancias tóxicas tienes sobre los organismos. De tal manera que la toxicología nos ayuda a poder entender todo el proceso de intoxicación de una persona que bien puede llevarlo a la muerte.

 

Bajo este principio, la toxicología se encarga básicamente de los venenos y por la forma en que estos nos intoxican, es inevitable ver como se parece la conducta de un veneno con el concepto espiritual del pecado por lo que la asociación de estos conceptos nos puede dar buena enseñanza práctica.

 

 

COMO NOS INTOXICAN LOS VENENOS

 

La mecánica de los venenos se divide en dos fases la primera se llama toxicocinética y la segunda se llama toxicodinámica. La primera estudia lo que pasa desde el ingreso del veneno hasta que este alcanza el torrente sanguíneo mientras que la segunda se relaciona con lo que hace la toxina cuando llega al órgano donde libera su acción contaminante.

 

Resumiendo estos puntos en aspectos prácticos diríamos que los venenos primero deben ingresar al organismo y para ello buscan una vía de acceso que puede ser cutánea (piel), aerobia (vías respiratorias) o intestinal (por medio de la boca). A partir de ahí, el veneno trata de propagarse y para ello busca llegar al lugar que más rápido le permita propagarse esto es, al torrente sanguíneo.

 

En el proceso, el cuerpo trata de atacar la actividad de estas células extrañas y lo hace por medio de reacciones químicas que despliegan algunos órganos del cuerpo intentando rechazar la acción destructiva del veneno, pero lamentablemente en muchos casos esas reacciones aceleran su propagación.

 

Una vez propagado el veneno, este llega a los llamados órganos diana cuyo trabajo es “disparar” la acción del veneno con las consecuencias que dependan de cada una de las toxinas en cuestión. Una vez ahí, la toxina inicia un proceso de destrucción celular que termina con la muerte de órganos vitales lo que acaba desencadenando la muerte.

 

 

EL PECADO ENVENENA

 

Viéndolo desde este punto de vista, podemos decir que el pecado se parece mucho a una toxina, mucho más de lo que podemos imaginarnos.

 

El pecado primero intenta tener una vía de absorción y nos ataca por todos los medios posibles intentando encontrar la vía de acceso por la que pueda ingresar más rápido a nosotros, esto nos habla claramente que los creyentes tenemos lugares por medio de los cuales, los malo llega más rápido a nuestro interior.

 

La vía de absorción que el pecado tome en nosotros depende de que camino es el más rápido por medio del cual las toxinas alcanzan el flujo sanguíneo de cada cristiano. Cada creyente debe saber cual es la parte más sensible de nosotros mismos.

 

Cualquier vía de acceso tiene que ver con tres maneras en que nuestro entorno nos ataca.

 

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1ª. Juan 2.16-18

           

Así que cada cristiano debe conocer su vía de acceso, los deseos de la carne, los deseos de los ojos o la vanagloria de la vida y de ahí tomar las acciones de precaución que eviten mayor daño.

 

Después de esto el pecado intenta ser atacado para ser desechado con acciones defensivas del cuerpo que muchas veces lo único que logran es activar más su poderío. Mecanismos de defensa que el ser humano suele usar y que son peligrosos son:

 

Sabiduría humana. El creyente cree que su capacidad, su experiencia o su visión de vida le va a permitir superar una tentación. Peligro, la sabiduría tiende a desestimar a sus enemigos.

 

Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión

Romanos 12.16

 

Suficiencia personal. El creyente siente que tiene la capacidad, el poder o la resistencia para poder hacer que el pecado no le cause mayores problemas. La suficiencia es peligrosa porque esconde nuestros puntos débiles y quita nuestra dependencia de Dios.

 

 

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15.5

 

Confrontación abierta. Minimizando el poder de su toxina el cristiano la tolera y la enfrenta creyendo que tendrá la manera de que no le vuelva a pasar lo que otras veces ha sucedido.

 

Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.

Mateo 4.10

 

Una vez que el pecado supera estas barreras inútiles, se va al torrente sanguíneo del creyente y lo inunda todo, ya está en él. Le acompaña a todas partes y se hace presente en todas las esferas de su personas. Difícilmente saldrá de ahí.

 

La acción destructiva del pecado inicia entonces carcomiendo las intenciones del cristiano para de ahí contaminar sus pensamientos para posteriormente destruir sus actos lo cual ya es una simple consecuencia.

 

Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Mateo 5.28

 

No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Romanos 12.21

 

Que los creyentes cuidemos nuestra mente de este veneno espiritual que puede destruirlo todo.