Estudios bíblicos

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El silencio de los profetas

 

 

 

 

Autor:

Hno. Ramón Oliveros Ochoa

 

 

 


1.     Por decisión propia y muy de acuerdo con Su soberanía, Dios se ha impuesto a sí mismo la obligación de anunciar absolutamente todo lo que hará, a través de sus siervos los profetas (Amós 3:7)

 

2.      En el antiguo testamento podemos leer acerca de muchos acontecimientos los cuales fueron  anunciados con la debida anticipación. Algunas profecías tardaron más de 500 años; pero todas han sido cumplidas a Su tiempo. Por lo que respecta  al nuevo testamento, encontramos lo mismo: Algunas profecías ya cumplidas, otras que están pendientes para un futuro que puede ser lejano o cercano, según nuestra muy limitada percepción del tiempo.

 

3.     En ambos casos se ha referido tanto a profecías personales como familiares, de una ciudad, de una nación o del mundo entero. El asunto central en toda profecía es su ineludible cumplimiento, entendiéndose esto de las verdaderas.

 

4.      En la cultura latina les llamamos “fenómenos naturales”. En la cultura anglosajona los denominaron “actos de Dios”. Por nuestra parte, los creyentes hemos leído en la biblia que todo lo que trae destrucción (terremotos, ciclones, huracanes, tormentas, tornados, tsunamis, etc.) son actos directos y muy personales de Dios, manifestando a través de ellos Su ira en contra del pueblo afectado.

 

5.      A través de los siglos y en todas las culturas, Dios siempre ha ejecutado sus juicios oportunamente, y no solo utiliza para ello a las fuerzas naturales, sino también a personas. Nabucodonosor destruyó a Jerusalén y su templo, llevándose cautivos por 70 años a muchos de los israelitas, en cumplimiento de una orden directa de Dios, aunque él no se haya dado cuenta de ello. Así por ejemplo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la guerra del golfo pérsico y el derrumbe de las torres gemelas, son actos de Dios, a través de los cuales descargó su ira contra los pueblos afectados.

 

6.     Los israelitas de aquellos tiempos antiguos, cuando vieron lo que aconteció, se convencieron que realmente Dios había dado a conocer sus juicios en contra de ellos a través de sus profetas. Y aún así, muchos de ellos no se arrepintieron. Por lo que respecta a los japoneses, a los iraquíes y a los norteamericanos, como naciones les pasó desapercibido que hubieran sido actos de Dios, porque los pueblos no perciben la causa espiritual de los acontecimientos. No lo entienden los pueblos paganos, tampoco lo asimilan quienes dicen ser el pueblo de Dios. 

 

7.      En cuanto a los desastres naturales recientes, vemos que, aunque relativamente en todos los países existen iglesias cristianas, los supuestos profetas que hay en ellas no se hicieron escuchar con anticipación. ¿Cuál es la causa de este silencio?

 

8.      Podemos llegar a tres posibles conclusiones:

 

a)     Dios ya no cumple su compromiso de anunciar absolutamente todo lo que ha planeado ejecutar,

 

b)     Los profetas están espiritualmente distraídos o dormidos y no han escuchado a Dios hablarles,

 

c)      No hay profetas verdaderos, ni uno solo.

 

9.      ¿Cuál de las tres considera usted que sea el reflejo de la realidad? Obviamente es necesario descartar la primera y la última, pues Dios no puede negarse a  sí mismo. Así que indefectiblemente nos quedamos con la segunda conclusión.

 

10.    ¿Qué le sucede a los pueblos que no reciben profecía de parte de Dios? (Me refiero tanto a los pueblos paganos como al pueblo “escogido”). Se desenfrenan, pierden el rumbo, se extravían. Eso es lo que sucede hoy en día. Los pueblos no acuden a Dios sino que a través de los científicos, buscan una explicación natural a todos los acontecimientos,  y se afanan en ello destinando recursos incalculables. En algunos casos han encontrado respuestas aproximadas que les ayudan a pronosticar. O acuden a la adivinación, manifestada de muchas formas.

 

11.    ¿Qué sucedería si los profetas estuviesen despiertos y anunciaran lo que va a acontecer, explicando el qué, el por qué, el cómo y el cuándo de Dios? Habría conversiones verdaderas incluso entre los mismos científicos, pues ellos no encontrarían una explicación razonable en base a su sabiduría humana respecto a cómo puede ser posible que un “profeta loco e ignorante” de las cosas científicas, hablara con precisión de lo que está por suceder.

 

12.    La voz de los profetas es la forma más eficaz por la que Dios puede, todavía hoy, destruir la sabiduría de los sabios y desechar el entendimiento de los entendidos (1ª. Corintios 1:19).

 

13.    Quienes han sido llamados al ministerio de la profecía, sabiendo que tienen ese don de parte de Dios, dense cuenta de la enorme diferencia que habría en la humanidad, si ésta escuchara oportunamente una profecía verdadera. ¡Qué grande es vuestra responsabilidad! ¡Qué obra a prueba de fuego es la que pueden hacer! ¡Qué galardones se están quedando sin quien los reclame!

 

14.    Por lo que respecta a la edificación de las iglesias, el ministerio de profeta es muy importante, y está de más citar referencias bíblicas, pues usted las conoce bien.

 

15.    Y pensar que en muchas iglesias, el ministerio del profeta está anulado. ¿Qué podrán responderle a Jesús quienes tomaron esa decisión, y quienes la toleran, sabiendo que el maestro constituyó ocho ministerios para edificar a Su iglesia? (1ª. Corintios 12:28).

 

16.     ¡Ten misericordia, oh Dios! ¡Despiértanos de este sueño!