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El movimiento de reforma inicio de una manera casi simultánea en Alemania y Suiza aunque se reconoce la paternidad del movimiento considerado como tal más que como una revolución religiosa al trabajo de Martin Lutero en Alemania. Inglaterra, fuerte potencia del continente europeo en ese tiempo, se mantuvo al principio de la reforma en una posición neutral pero adherido al gobierno del papa católico establecido en Roma.
En 1530 el monarca de Inglaterra Enrique VIII deseaba la aprobación de Roma para una anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón y así poderse casar con Ana Bolena lo que no le fue concedido. Esta negativa provocó tal desacuerdo que Enrique VIII decidió romper relaciones con el papado y, en 1534 logra que el parlamento inglés extienda una "acta de supremacía" gracias a la cual recibe poderes totales en el ámbito religioso de Inglaterra y, como consecuencia de esto es declarado "cabeza de la iglesia" en Inglaterra.
Con esta medida se nacionalizan los bienes de la iglesia y se inicia así la iglesia católica pero en Inglaterra. El resultado de esto es la iglesia anglicana.
En Inglaterra la iglesia anglicana mantuvo la estructura, organización y cultos de la iglesia romana. El rey Eduardo VI sucesor de Enrique VIII se enfoco en modificar un poco la doctrina anglicana lo que resulto en una inclinación más marcada hacia la doctrina calvinista. Con estas condiciones la iglesia anglicana creció y, cuando los anglicanos viajaron a los Estado Unidos, ahí dieron origen a lo que hoy se conoce como la iglesia episcopal.
Al paso del tiempo la iglesia anglicana cobró su propia identidad y diferencias con la iglesia romana. A continuación se resumen estas diferencias:
En la actualidad se cree que hay alrededor de 70 millones de personas adheridas al anglicanismo. Cada estado o provincia con presencia anglicana se considera independiente de las demás así que conservan cierta autonomía. Como una medida de unidad a medias la iglesia anglicana reconoce al arzobispo de Canterbury en Inglaterra como un líder público pero su influencia no es totalitaria.
A principios del siglo XXI la iglesia anglicana ha polemizado en general a la sociedad ordenando en algunas provincias a ministros mujeres y a líderes homosexuales.
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