Te doy gracias padre
mío
por haberme corregido,
por haberme dirigido
en mi vida desde niño.
Hoy recuerdo aquellos años
que me hablabas muy severo,
que temblaba por el miedo
con tu aspecto y tus regaños.
Tengo hijos y los quiero
que también los dirigí,
me recuerdas tanto a ti
siendo igual en lo severo.
Y por eso yo comprendo
el amor que nos tenías,
y el porqué nos dirigías
con consejos reprendiendo.
Hoy mis hijos tienen hijos
y de mí han aprendido,
saber como dirigirlos
porque aman a sus hijos.
El amor no se demuestra
solamente con cariño,
hay que enderezar al niño
con consejos y la diestra.
Van creciendo las raíces
enraizadas las dejaste,
con principios nos formaste,
y hoy vivimos muy felices.