Poesías cristianas

Evangelismo

Caminos

 

 

 

 

 


 

I.

Señor, ¿no me das la mano?
¿No ves? Me estoy hundiendo
en el cieno del pecado.

 

II. 

Llegué tarde, lo sé,

me entretuve
por ese camino andando.
Camino, mejor caminos,
¡hay Señor, anduve tantos!

 

III.

Anduve por aquel que

parecía lucir,
lienzo de nubes de color blanco
y eran nubes de polvo,

polvos sucios.
Los ojos de la carne

me han engañado.

 

IV.

Caminé con pie firme

en el otro,
altiva la cabeza, y encumbrado.
Pero cedió a mis pies

 todo el camino.
Era Señor, mi orgullo

 tan pesado,
y el otro iluminado por

las velas, los lirios,
las liturgias y los cantos.

 

 

V.

Cuando pasé por él, no

hubo mas voces.
Las velas y los lirios

se apagaron.
¡Como engañan los hombres, Señor mío!
¡Cuantos falsos caminos

me indicaron!

 

 

VI.

Caminé lejos y conté

mis pasos.
Miro a mis pies y

estoy desalentado.
No moví un paso en

 este lodo inmundo.
¡Señor, Señor, estoy

 hundido en el pecado.

 

 

VII.

Y que será de mí

 cuando ya sienta
que el fango va

 subiendo despiadado,
me cubra el pecho y

entre en mi garganta,
y se apague mi voz y

el fin haya llegado.

 

 

VIII.

¡Hay que será de mí,

Señor, Señor!
¿Me escuchas?, perdido estoy
si no me das la mano.

Quizás tampoco tú
sacarme puedas. Quizás

 soy yo que tarde
 

 

IX.

¡Pero mira Señor, mira!,

¿no ves?
¿No ves mis ojos?

Están húmedos.
¿Ves?, se han mojado.

¿Ves como golpean
aquí dentro? Mi corazón también está llorando.

 

 

X.

¡Soy yo, Señor!, yo soy

que me arrepiento,
del lodo en que yo mismo

me he ensuciado,
de andar por los caminos

que me han dicho,
de volverte la espalda

 Dios amado!

 

 

XI.

Te dije.... Te dije, Amado.

 ¿Ves Señor?
Te quiero, te dije Amado.

 ¿Ves Señor?
Te amo, y lo dije con

 voz que era un sollozo.
Lo dije de rodillas y temblando.

 

 

XII.

Quiero estar junto a ti,

no quiero lodo.
Quiero tu firme amor,

no quiero fango.
No tengo nada, ni

me quedan fuerzas.
Mas viviré si tu me

das la mano.

 

 

XIII.

¡Señor, Señor!

¿no me respondes?
Mas presiento que

ocurrirá tal vez
algún milagro. Las

lagrimas dejaron ya
mis ojos, mi corazón

cesó con su quebranto.

 

 

XIV.

¡Señor, Señor!

 ¿no me respondes?
Y parece como

 si un viento suave
y perfumado, acariciara

con amor mi rostro.

 

 

XV.

¡¡Señor!! ¡Mira, Señor!,

ya no hay mas barro!
Ya puedo caminar

con paso firme.
Ya no se mueve el

suelo con mis pasos.
Ya no hay lodo que

 ensucie mas mi vida.

 

 

XVI.

Tú solo me sacaste

de este fango.
¡Señor, me diste la mano!

¿no ves?
Jamás he de hundirme

 en el cieno del pecado.
Porque, limpiaste con sangre,
ese camino de barro.