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I.
Señor, ¿no me
das la mano?
¿No ves? Me estoy hundiendo
en el cieno del pecado.
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II.
Llegué tarde, lo sé,
me entretuve
por ese camino andando.
Camino, mejor caminos,
¡hay Señor, anduve tantos!
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III.
Anduve por aquel que
parecía lucir,
lienzo de nubes de color blanco
y eran nubes de polvo,
polvos sucios.
Los ojos de la carne
me han engañado.
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IV.
Caminé con pie firme
en el otro,
altiva la cabeza, y encumbrado.
Pero cedió a mis pies
todo el camino.
Era Señor, mi orgullo
tan pesado,
y el otro iluminado por
las velas, los lirios,
las liturgias y los cantos.
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V.
Cuando pasé por él, no
hubo mas voces.
Las velas y los lirios
se apagaron.
¡Como engañan los hombres, Señor mío!
¡Cuantos falsos caminos
me indicaron!
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VI.
Caminé lejos y conté
mis pasos.
Miro a mis pies y
estoy desalentado.
No moví un paso en
este lodo inmundo.
¡Señor, Señor, estoy
hundido en el pecado.
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VII.
Y que será de mí
cuando ya sienta
que el fango va
subiendo despiadado,
me cubra el pecho y
entre en mi garganta,
y se apague mi voz y
el fin haya llegado.
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VIII.
¡Hay que será de mí,
Señor, Señor!
¿Me escuchas?, perdido estoy
si no me das la mano.
Quizás tampoco tú
sacarme puedas. Quizás
soy yo que tarde
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IX.
¡Pero mira Señor, mira!,
¿no ves?
¿No ves mis ojos?
Están húmedos.
¿Ves?, se han mojado.
¿Ves como golpean
aquí dentro? Mi corazón también está llorando.
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X.
¡Soy yo, Señor!, yo soy
que me
arrepiento,
del lodo en que yo mismo
me he ensuciado,
de andar por los caminos
que me han dicho,
de volverte la espalda
Dios amado!
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XI.
Te dije.... Te dije, Amado.
¿Ves Señor?
Te quiero, te dije Amado.
¿Ves Señor?
Te amo, y lo dije con
voz que era un sollozo.
Lo dije de rodillas y temblando.
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XII.
Quiero estar junto a ti,
no quiero
lodo.
Quiero tu firme amor,
no quiero fango.
No tengo nada, ni
me quedan fuerzas.
Mas viviré si tu me
das la mano.
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XIII.
¡Señor, Señor!
¿no me respondes?
Mas presiento que
ocurrirá tal vez
algún milagro. Las
lagrimas dejaron ya
mis ojos, mi corazón
cesó con su quebranto.
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XIV.
¡Señor, Señor!
¿no me respondes?
Y parece como
si un viento suave
y perfumado, acariciara
con amor mi rostro.
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XV.
¡¡Señor!! ¡Mira, Señor!,
ya no hay mas
barro!
Ya puedo caminar
con paso firme.
Ya no se mueve el
suelo con mis pasos.
Ya no hay lodo que
ensucie mas mi vida.
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XVI.
Tú solo me sacaste
de este fango.
¡Señor, me diste la mano!
¿no ves?
Jamás he de hundirme
en el cieno del pecado.
Porque, limpiaste con sangre,
ese camino de barro.
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