|
I.
Ven a tocar mi puerta
Jesús Divino,
antes que el sueño de la muerte venga,
y me cubra de frío
y de silencio...
Cierto es, que a veces,
en forma de un anciano
solo y triste llegaste
hasta mi puerta,
y al verte ahí
Apoyando la mano
en tu cayado;
con polvo del camino
y tan cansado
¡No te abrí!
|
II.
A veces eras niño con
hambre y mucho frío
y ni un trocito de pan,
menos de cariño
¡No tuve para ti!
Y aquella otra ocasión,
un pobre enfermo
reflejaba el dolor en su semblante;
y tocando con mano vacilante,
una limosna por amor rogaba.
|
III.
Esta vez al abrir, sentí
de pronto,
el horror que aquel hombre
me causaba,
las llagas de su
cuerpo supuraban;
y al pesar que su mal
me contagiara;
¡Cerré la puerta, de golpe
y en su cara!
En forma de un mendigo
o de un lisiado
¡Cuantas veces
SEÑOR
habrás tocado!
y yo me he hecho
sordo a tu llamado.
|
IV.
Buscaste caridad
donde no había,
un poco de calor
y no lo hallabas;
solo hubo mezquindad
y en mi osadía,
negaba todo a aquel
que me lo daba.
Si al corazón contrito
y humillado,
por tu inmensa bondad
has perdonado,
¡Perdóname
SEÑOR,
ven a mi puerta!
Hay tanta soledad y
esta desierta
|