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I.
Es necesario que todos nosotros
comparezcamos,
si somos fieles cristianos ante su
gran tribunal,
y cada uno reciba según lo hubiéremos hecho,
al estar en este cuerpo, sea bueno o sea mal.
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II.
El todo revelará los escondidos secretos,
quedando así descubierto las mentiras y verdades,
las obras y falsedades, el carácter y acciones,
las palabras sin razones y otras atrocidades.
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III.
Daremos cuenta de sí, de nuestra
fidelidad,
por esa oportunidad de trabajar en su obra,
y que allá nos corrobora por talentos trabajados,
los que aquí nos ha dejado por su gran misericordia.
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IV.
El Cristo que dio su vida, y Dios
resucito después,
allá será nuestro Juez en su trono preparado,
el Padre le ha dejado el juicio para el creyente,
y para toda la gente, que siempre vivió en pecado.
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