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I.
Me admira tu saber ¡Señor Divino!
Cuando veo tu
mano en lo que existe.
¡Qué sin par hermosura al mundo diste!
¡Cómo goza al
mirarla el peregrino!
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II.
Tú creaste la
zarza y el espino;
el granizo y el fuego,
Tú lo hiciste,
y en el mundo, entre el hombre los pusiste
para hacer variación en su camino.
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III.
Es necio el que
al sufrir, débil
se enfada.
Al fiel le es de
alabanzas un
himnario,
igual la bendición,
como la espada.
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IV.
Todo es
útil,
normal y necesario.
Las espinas que
tanto desagradan,
coronaron a Cristo
en el Calvario
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