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El tiempo
ha llegado: ¡El hombre puede comunicarse con el Espíritu Divino! ¡Aprovéchalo!
Ponte en contacto, en línea directa. Aprende a dialogar con nuestro Padre
espiritual y a recibir sus mensajes.
¿Pero cómo saber cuándo y cómo Él contesta? Por supuesto, hay que evitar las interferencias. Desconectarse de todo lo superfluo, de todo lo material. Olvidarse hasta de los propios pensamientos. Refugiarse en el silencio. Y ahí, hablar con este Dios que necesitamos, como a un padre, un amigo, un confidente. De manera sencilla, humilde, sincera. Con el corazón, con fe, como un niño cuando se dirige a sus padres convencido de que es amado, escuchado, y que será ayudado, socorrido. Entonces el milagro se produce. Siempre hay una respuesta. Bajo alguna forma. No siempre es la respuesta que esperábamos. Pero siempre es la que nos conviene. Hay que saber captarla e interpretarla. A veces ocurre que nos dormimos esperando la respuesta. Y nos viene un sueño. Este sueño tiene un sentido, un significado. Es la respuesta. Otras veces, un pensamiento atraviesa de repente nuestra mente; aclara una duda, disipa un malentendido. Parece haber brotado de quien sabe donde, pero sabemos de dónde y de quién proviene. Y la intuición, el presentimiento, ya sabes, esta sutil impresión nacida en lo más hondo de nosotros, que no engaña ni se equivoca. Los que han afinado su sensibilidad espiritual, tienen muy desarrollado estos dones, que se han dado en llamar equivocadamente "un sexto sentido". Y cuando esa sensibilidad está despierta es como si el teléfono de Papá Dios sonase cada vez que es necesario para avisarnos, orientarnos, informarnos, aconsejarnos, consolarnos. Hay muchas más facultades nuestras que Papá Dios utiliza para comunicarse con nosotros. Las descubriremos a medida que aprendamos a ponernos en contacto con Él, usando el divino lenguaje del amor. |