|
|
Puedo haberlo aceptado, pero no tolero más la idea de volver a
subir a un escenario de show evangélico. Ya pasé la vergüenza de dar una
“palabrita” entre un artista y otro para luego preguntarme: “¿qué fui a hacer
allí?”
Crié un verdadero rechazo a las muletillas que, en esos grandes espectáculos,
presumiblemente exaltan la gloria de Yahvé. Rostros empapados de sudor y manos
levantadas por el frenesí bien teatralizado de “levitas” simplemente vacíos no
me impresiona más.
Lo intento, pero no logro entender la utilidad de las “Marchas para Jesús”.
Quizá sirvan para mostrar a los buitres políticos del país la presa electoral
que los apóstoles de turno logran juntar. A decir verdad, en esas marchas las
bandas arrastran a los creyentes a un carnaval a destiempo. Pueden interrumpir
el tránsito del sábado, ¡pero la comunidad gay percibirá que los creyentes son
numerosos e igualmente extravagantes!
Ya fui un pastor almidonado, pero hoy desprecio los trajes Armani, los gemelos
de oro, los relojes empedrados de brillantes que componen el kit de los
“siervos” de Dios que, con tic nervioso, se arreglan la corbata para mostrar
como la “unción” les infló el pescuezo.
Río siempre que me deparo con las estadísticas de los creyentes. Leí que un
evangelista estaba logrando “ganar” cien mil almas para Cristo por año;
determinada misión, que se volvió notable al mostrar la película Jesús,
“convierte” decenas de millones por mes. Un misionero alemán, que carga la
mayor carpa del mundo por tierra africana, reporta números astronómicos; otro
pastor americano afirma haber vendido más libros que cualquier otro autor
secular o religioso de todos los tiempos.
Si fuera a darles crédito, la población de la tierra ya se hubiera convertido
unas cinco o seis veces.
Sospecho de los testimonios de milagro con el mismo cuidado con el que abro la
carta que me dice que gané treinta kilos de oro en un sorteo del que nunca
participé. Si todas las maravillas propagadas en los programas de televisión y
todas las intervenciones sobrenaturales anunciadas por la radio sucedieran
realmente, con seguridad,
la renta per cápita de América Latina sería mayor a la de Suiza y la comunidad
científica ya estaría investigando el secreto del cáncer erradicado entre los
pentecostales.
Llega el tiempo en que las fases, procesos y estaciones se cierran. Se hace
necesario dejar la vieja piel para recubrirse de la nueva. Cuando doy la
espalda a muchas cosas, presiento la Tierra Prometida más allá del río que
lucho por atravesar.
Soli Deo Gloria.
|