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Tomado del libro:
¿Se puede probar que Dios existe?
Fred Heren. Editial Grijalbo
El mayor descubrimiento de todos los tiempos fue realizado por alguien que
ni se lo había ganado ni se lo esperaba. Después de que la
NASA
había gastado muchos millones de dólares y la gente del instituto
SETI había empleado cientos de miles de horas - nombre en la búsqueda de
inteligencia extraterrestre, una niña de siete años detecto por su cuenta
y al primer intento, la primera señal inteligente de una fuente
extraterrestre. Algunos, si ya estaban convencidos de que en el cosmos
nada divino existía, creían que esta indignidad constituía una prueba más
de la falta de justicia en el universo.
El primer
mensaje cifrado llegó en forma de una serie de destellos de las cercanías
de
Epsilón Eridani, estrella tipo sol que ya había sido considerada
como una buena candidata para encontrar vida inteligente, pero que se
había desechado al cabo, por su silencio en fuentes de radio. Los
radioastrónomos del instituto
Pero nuestro relato se refiere al hombre que acabó recibiendo el grueso del crédito por este el mayor de todos los descubrimientos, el hombre que, casi sin ayuda de nadie, encontró el financiamiento para llevar adelante la investigación de inteligencia extraterrestre en el siglo XXI cuando el siglo XX ya casi la había desechado. Mark Rizley, además de haber llegado de última hora a la causa, no tenía conocimientos de astronomía o de física, pero su motivación para hacer algo importante con su vida había comenzado 10 años antes del descubrimiento, un lunes por la mañana.
Mark alargó la mano para presionar el botón del despertador musical y se recostó de nuevo para preguntarse lo que se pregunta todas las mañanas: "Bien, ¿que voy a hacer hoy?".
Antes de decidir si sus aprensiones respecto de sus clases de la mañana estaban bien fundadas, Margaret lo interrumpió con un pensamiento que parecía venir de un millón de años luz de distancia: "Creo que lo acabo de comprender", anunció. Mark se volteó y se dio cuenta de que ella estaba mirando al techo, comos si ya llevara un buen rato despierta. No era lo usual. Ordinariamente no la veía despierta sino hasta después de la comida.
- ¿Que? ¿Qué es lo que acabas de comprender? - Lo que es la vida - replicó Margaret
Probablemente esta empleó la larga pausa que siguió para acentuar el dramatismo, pero Mark la usó para resolver que era mejor saltarse una de las clases de la mañana para preparar el examen, por la tarde, sobre compra y transferencia de títulos empresariales.
- La vida es un gran proyecto de investigación - prosiguió Margaret contemplando aún el techo -. Hemos sido puestos aquí para investigar porque hemos sido puestos aquí. Estaba algo rara desde la muerte de su padre, pensó Mark. O bien era eso, o le venía de todas esas conversaciones filosóficas estúpidas con los babosos del departamento de astrofísica.
- ¿Sabes alguna mejor razón de porqué estamos aquí?
Mark pensó un momento y al cabo solo refunfuño.
- La investigación - dijo Margaret. Ese es nuestro verdadero encargo. Todo lo demás que hagamos es incidental. - Mmm... Bien, voy a llegar tarde si no me voy ya. - Lo que quiero decir es: ¿vivimos solo para ir a la escuela, trabajar, para alimentarnos y andar abrigados... y así poder vivir... y podamos trabajar?
Mark asintió lentamente. Trató de no parecer impaciente. Después de todo, nunca podía saber por donde saldría Margaret. Así era la relación para la que había esperado toda la vida.
- O - prosiguió esta. mientras le ponía el brazo en torno a la cintura -, vivimos solo para el amor. - Creo que es por esto. Pero son las 7:05.
Margaret se puso filosófica de nuevo.
- O. si miramos un poco hacia adelante, ¿es todo nuestro propósito formar una familia lo más avenida y cariñosa como sea posible?
Mark ya se había puesto a pensar también. Margaret miró el reloj y dijo:
- Mejor empieza ya a moverte.
Cuando Mark salió de la ducha, ella le preguntó:
- Así, ¿que es lo que piensas? - ¿Sobre que? - Sobre lo que estábamos tratando
Durante la ducha, Mark había estado planeando la jornada. Cambió rápido la palanca de velocidades y le concedió:
- Creo que vas por buen camino. Quiero decir que estás pensando algo importante. Algunas personas pasan por la escuela en piloto automático. Pero nosotros sabemos porqué estamos estudiando y trabajando tan duro. Tenemos un propósito en todo esto. Como acabas de decir, estamos pensando en una familia, una familia bien formada y esto exige una carrera bien hecha.
Margaret al parecer, no tuvo nada que añadir. Mark se puso los lentes para ver que clase de expresión ella había adoptado con lo poco que acababa de decirle. Estaba mirando enfrente. Como una zombi. A veces Mark se preguntaba si las diferencias entre ambos eran cuestión de hombre - mujer o si realmente no vivía nadie detrás de aquellos bellos ojos. Entonces volvió a mirar a Mark y éste vio que a ella le regresaba el alma.
- No has entendido nada de lo que estaba diciendo - ahora: además había fuego en sus ojos -. No estpy hablando de como vamos a vivir, sino de vivir.
Así, ¿que tengo yo que ser para saber lo que es vivir? - pensó Mark - ¿astrofísico? Imagino que empeoraría las cosas si decía una palabra más pero Margaret, interpretó su silencio como ignorancia.
- ¿No tienes ni la más remota idea de lo que te estoy diciendo, verdad?
Mark sintió como si le hubiera metido una cuchillada en el estómago. Quizá lo único que necesitaba era desayunarse. Pero estaba resultando que mientras él pensaba que ella era una zombi, ella pensaba a su vez, que el zombi era él, sin un alma que le permitiera como a ella hacerse aquellas elevadas preguntas. Él se preguntaba si no habría echado a perder todos los meses de cortejo, todos sus esfuerzos por causarle una buena impresión. Mientras se dirigía a la primera clase se prometió que un día llegaría a ser alguien y le demostraría que no era un individuo al que se le pudiera mirar por encima del hombro. Sería un hombre de rompe y rasga, mientras todos los amigos físicos de ella andarían arrebatándose oscuros puestos de enseñanza e investigación.
**********
Cinco años después, Mark se despertó en medio de la noche y se preguntó: ¿Qué está pasando? Margaret se había levantado y los dos niños estaban llorando. Oyó que Margaret carraspeaba en el baño. ¡uf! pensó Mark, solo hace esto cuando vomita. Se fue al cuarto de los niños con la linterna y confirmó lo peor: los dos niños habían vomitado también. Esto quería decir que tenía que ir por el cubo, la jerga el desinfectante, recoger la vomitada, llevar todo a la coladera del cuarto de lavar, cambiar piyamas y sábanas, restregar la alfombra... y probablemente habría repetición de la función. La noche iba a ser larga.
Dos horas después, en la tercer ronda de limpias, Mark abrió la ventana del cuarto de los niños e inhaló la brisa fresca, Margaret mecía al bebé en la mecedora junto a él y parecía que madre y criatura habían caído dormidos, pero el de tres años estaba bien despierto. Este trataba de llamar la atención del padre hacía un punto de la cama que había sido pasado por alto.
- ¿Porque estaré haciendo esto? - musitó Mark en medio de la oscuridad. - Por la investigación - salto Margaret.
**********
Tres años después, Mark estaba mirando por otra ventana a las tres de la madrugada. No podía dejar de darle vueltas a su situación. Sus negocios habían fracasado. Su socio, en el que confiaba, le había engañado. Tenía deudas serias. Le habría gustado preguntarle a Margaret si todo aquello era parte de su proyecto vital de investigación. pero ella y los niños lo habían dejado un mes antes.
Una y otra vez, Mark presentaba su caso ante un imaginario juez, le explicaba todas sus acciones, seguro de que todos los amigos y sus amigos presentes en el imaginario juzgado eran del mismo parecer que él. A veces, si el asunto se volvía demasiado personal, llevaba sus problemas a un siquiatra imaginario, muy comprensivo por cierto, pero ni juez ni siquiatra lograban hacer que el se sintiera del todo absuelto y así, desesperado de no poder dormir miró a las estrellas y trato de hablarle a Dios:
- Dios, ¿ves mi situación? ¿Es algo que puedas tu remediar o no te metes en casos personales? Si puedes, si pudieras arreglar las cosas entre Margaret y yo, si me volvieras a poner en buena situación financiera, yo... no sé. ¿Qué quieres de mí?
Aguardó un momento y luego pregunto en voz alta:
- ¿Estas ahí o estoy hablando solo conmigo mismo?
Con gusto habría recibido algún tipo de respuestas; quizá una señal de las estrellas, pero la noche estaba tranquila.
- "Claro, si no existes, entonces mi situación no le importa a nadie sino a mí... y yo no importo. Nada importa. !Oh Dios, ojalá existieras! ¿Me podrías dar siquiera una pequeña señal? Bueno, en realidad pienso que, tendría que ser bastante grande para que yo reconociera que es tuya, si no es demasiada molestia".
Las estrellas estaban inmóviles.
- "Perfecto, entonces: ¿que tal una señal pequeña?"
Se paso media hora más escudriñando el cielo pero no ocurrió nada absolutamente. Mark se convenció de que si existía Dios, tenia que ser tan frío como el espacio y tan silencioso como la luna.
Al despertar unos años después en un lujoso aposento del mayor palacio del mundo, Mark se preguntaba si sus pasados apuros no habían sido mas que una pesadilla. Humillarse ante Dios había sido parte de la pesadilla. Margaret abrió la ventana y oyeron al almuédano convocando con elevada voz a la oración. La pareja era huésped del sultán de Brunei, el hombre más rico del mundo y estaban en una de las 1788 habitaciones de aquella mansión de 400 millones de dólares.
Los problemas financieros de Mark se habían resuelto con éxito como escritor dedicado a promover fondos para proyectos de investigación científica. Margaret, que había regresado con él tras dos meses de separación, tenía una inacabable lista de amigos en las universidades de todos el país necesitados necesitados de subvenciones para sus proyectos. El conocimiento que Mark tenía de las finanzas, junto con los conocimientos científicos de ella, habían dado el éxito a la pareja en el negocio de promoción escrita de proyectos.
Como basaban sus honorarios en un porcentaje de las subvenciones recibidas y como habían tenido la suerte de conseguir cierto número de cuantiosas donaciones, estaban ya en camino de conseguir el sueño americano de la independencia financiera. Nada mal, si se toma en cuenta que la contribución de Margaret era solo de tiempo parcial, mientras que trabajaba de tiempo completo con el grupo de científicos del instituto SETI de San Francisco. Sin embargo, los optimistas proyectos financieros de Mark dependían de que continuara encontrando dinero para subvenciones con la actual rapidez. Temía que quizá lo único que había ocurrido hasta ahora era que solo había sido un hombre con suerte.
Últimamente las mayores anotaciones de Mark habían sido para el propio instituto SETI. La causa favorita de Margaret requería desesperadamente de capital desde que el congreso había interrumpido todo financiamiento para el SETI a mediados de los noventa, dejando que la institución se las arreglase como pudiera. Los político estaban más apurados en demostrar su preocupación por reducir el presupuesto que por encontrar pruebas de inteligencia extraterrestre. Mark había aportado el necesitado dinero gracias a fundaciones privadas, precisamente cuando el entusiasmo del los ex entusiastas del SETI había decaído. El sultán de Brunei merecía un viaje especial, porque él mismo había iniciado el contacto, expresando interés en el proyecto Fénix del SETI, la búsqueda orientada que habpia surgido de las cenizas del viejo programa de la NASA.
Mientras tomaban un desayuno de huéspedes en su suite, Mark y Margaret discutían la estrategia a emplear para solicitar lo que esperaban fuera su mayor aporta hasta el momento. Para Margaret, con esto quedaría a salvo el SETI, mientras que para Mark los colocaría en un escalón impositivo más alto.
- No te olvides en insistir que el tiempo apremia -, le decía Margaret. En diez años más, la interferencia de lso satélites de comunicaciones obstruirá las bandas de microondas. Dile que es ahora o nunca. - Creo que tu deberías hablar cuando se trate de física. - Pero tu eres el experto en vender de todos modos. - Bien - prosiguió Mark con la boca llena de langostín -, lo principal que le tenemos que hacer saber es lo grade que es esto. Quiero decir, que se trata de un hombre que ha dado medio millón a los ancianos imposibilitados de Nueva York y un millón a la Unicef. Si queremos conseguir una cantidad así o mayor, hemos de convencerle de que este proyecto es al menos tan grande como las demás causas. Le pienso plantear las cosas así: su Excelencia... - ¿Es su excelencia o su Majestad? - - Creo que cualquiera de las dos formas está bien. Ahora dime si esto es demasiado -. Mark carraspeó y dejó el tenedor -, su Excelencia, usted podría tener un papel principal en lo que, según se afirma en todo el mundo, podría ser el mayor descubrimiento de nuestra época. Por eso los donantes llegan a ofrecer subvenciones de hasta un millón de dólares. El directo de Intel, Gordon Moore, dice: "No imagino una pregunta más honda que ¿Estamos solos en el Universo?"...
Con todo - prosiguió Mark con más vehemencia -, hay una razón mejor para llevar a cabo el proyecto de la mera satisfacción de nuestra curiosidad. Nuestra civilización solo lleva unos cuantos miles de años, frente a los diez o veinte mil millones de años que tiene de vida el universo. Somos recién llegados a la función. Cualesquiera seres que encontremos por ahí afuera han tenido que haber existido desde mucho antes que nosotros. El contacto con una cultura avanzada sería la contribución más profunda de la ciencia a nuestra civilización. Nos podrían decir como resulver problemas como las enfermedades, la delincuencia, la guerra. Una civilización que haya sobrevivido millones de años habrá encontrado soluciones a estos problemas desde hace mucho.
Mark bebió en medio de la mirada de admiración de Margaret. Ahora, pensó, ya no me podrá decir que mi trabajo es accidental respecto del propósito real de la vida. ¿Qué podría ser más elevado que esto?
Cuando sonó el teléfono, Mark y Margaret se quedaron mirando al pony de madera de donde venía el timbrazo, dándose cuenta por primera vez que era un teléfono. Mark oprimió un botón con lo que se activó el micrófono.
- ¿Bueno -, dijo Mark. - Buenos días, señores Rizley -, repuso una voz en un claro inglés oxfordiano-, espero que se hayan sentido cómodos. - Si, estupendo -, dijo Mark. - He leído la literatura que ustedes me enviaron. Es fascinante- cada vez que la voz hablaba, la boca del caballito se abría y cerraba. Margaret se echó a reír pero Mark la acalló. Se había dado cuenta que estaban hablando con el sultán mismo. - Según entiendo- dijo el sultán -, su presupuesto de operación es de tres millones, para que la búsqueda siga un año más. - Así es -, dijo Mark hablándole al pony. - Y ustedes buscan otro millón para duplicar los 500 millones canales que están manejando ahora. - Pero entiendo también que ya una vez duplicaron el espectrómetro, pensando que con esto lograrían todo lo que necesitaban para encontrar una señal, pero que todavía no han encontrado nada.
Mark y Margaret se miraron. El sultán sabía más del proyecto Fénix que cuanto podía haber aprendido por la literatura que le habían entregado.
- A la larga - dijo Mark - duplicar el espectrómetro es un ahorro en dinero porque reduce el tiempo de búsqueda. - Y si no encuentran ninguna señal de inteligencia - continuó el sultán -, ¿han considerado en serio la posibilidad deque todo este dinero y búsqueda sea una completa pérdida?
Margaret recogió el guante y le habló al pony.
- Aun si no encontramos nada, la tecnología que se desarrolle se podrá aplicar al diagnóstico médico por imagen, a la prueba de materiales, etcétera. - Claro que si no encontraran civilizaciones del espacio - interrumpió el sultán -, de todas formas eso también sería una respuesta, ¿no es cierto?
Mark y Margaret no estaban seguros de que responder.
- Espero verme con ustedes esta mañana - prosiguió el sultán -, pero en este momento tengo curiosidad por una cosa más: ¿cómo sabrán, si reciben una señal, que es de una fuente inteligente? ¿Cómo diferencian entre una señal natural pulsante, como en un pulsar, y la señal de una inteligencia? - Cuando se recibe una señal en código Morse - explicó Margaret - sabemos que detrás hay una inteligencia. La naturaleza no se puede remedar una cosa así. De la misma manera, si recibiéramos una señal con información codificada, aún en el caso que de momento no pudiéramos descifrarla, de todas maneras sabríamos que sería de une fuente inteligente. - ¿Quiere decir que es como la información codificada que encontramos en el ADN?
Margaret no escuchó esta interrupción y continuó con lo que decía:
- La naturaleza no puede remedar una complejidad específica. La probabilidad de que la naturaleza cree un patrón con significado es casi infinitamente pequeña. - ¿Como la complejidad específica de la hemoglobina? - ¿Perdón? - intervino Margaret - ¿Sabe? - siguió el sultán -, se me ocurre que quizá, solo quizá, sus investigaciones les han dado ya la respuesta; sólo falta que estén preparados para aceptarla. ¿Que ocurriría si esa información codificada que buscan, esa señal de inteligencia extraterrestre, ya nos hubiera estado llegando con toda claridad desde siempre, pero la hubiéramos estado pasando por alto por estar mirando donde no se debía de mirar? - Bueno, por eso estamos mirando continuamente nuevas secciones del cielo... - ¿Han mirado la hemoglobina? Es algo muy interesante. Acabo de estar leyendo sobre la hemoglobina. ¿Conocen los cálculos de Hoyle y Wickramashinghe? Los tengo precisamente aquí.
Luego de una pausa oyeron que el sultán estaba pasando páginas.
- Miren - dijo el sultán -: ¿sabían que la probabilidad de que los aminoácidos se alinearan al azar y crearan la primera proteína de hemoglobina es de 1 en 10 a la 850 potencia? lo cual ya entra en el reino del infinito, si se considera el hecho de que todos los átomos que existen en el universo son solo 10 a la 80 potencia.
Lo único que Mark y Margaret pudieron hacer fue mirarse el uno al otro. Este hombre tenía algo más que un interés casual por la ciencia.
El sultán siguió adelante:
- Aún es menor la probabilidad de que el ADN hubiera alcanzado al azar la especificidad requerida: una probabilidad de 10 a la 78000 potencia, incluso para el ADN de un simple microorganismo. Esto tiene que ser señal de alguna inteligencia ¿no les parece?
Mark comenzó a sentirse como la presa del cuento el animal de caza más peligroso. Quizá el sultán los había invitado para jugar al gato y al ratón. El sultán cerró la conversación:
- Haré que un chofer los recoja a las 10 y continuaremos la conversación en el campo de polo. ¿Les parece?
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Un sirviente los guió por los largos y resonante pasillos. Mark se convenció de lo fácil que era perderse en un palacio de 20 hectáreas. La pareja hacía bromas entre sí sobre hablar con Mister Ed y obtener las respuestas de la boca del caballo, pero se sentían tan seguros del éxito de su misión con Bruneri como una hora antes.
Después de que el chofer les dio una vuelta por el terreno y las caballerizas con aire acondicionado, otro servidor llevo a la pareja a una mesa bajo la sombra, junto a uno de los campos de polo. El apuesto sultán de Brunei, el vigésimo nono de su estirpe, se les acercó caballero sobre un blanco pony argentino y se apeó. Tenía aspecto de cincuentón, pero el rostro estaba bien conservado, con aspecto de hombre juicioso, como tenía que ser la cara de un gobernante, pensó Mark. El monarca se quitó la gorra de montar y saludó a la pareja. Después de sentarse a la mesa con ellos, pareció dedicarse a estudiarlos, hasta que por fin, iniciaron la conversación.
Mark se apresuró a pensar en alguna manera de empezar con algún tema intrascendente:
- No creo que ni siquiera las caballerizas de Salomón tuvieran aire acondicionado, ¿o si?- dijo
- Los ponys son mi pasión como estoy seguro que SETI es la pasión de ustedes - el sultán trató de mirarles a los ojos -. Es una lastima que el gobierno de ustedes no comparta la pasión que ustedes sienten,¿eh?
Luego se volteó a Mark:
- Señor Rizley ¿que tipo de pasión siente siente en lo personal por el proyecto Fénix? ¿De que estaría dispuesto a desprenderse para resolver el enigma del Universo? - Bien, para ser franco su Excelencia, siempre me ha parecido que el plan más inteligente para encontrar un medio de hacer las cosas es no tener que desprenderse de nada.
Al sultán no se le escapó la mirada que Margaret le lanzó a Mark. Este se dio cuenta que su mundana respuesta no había impresionado a ninguno de los dos. Como para expiar la falta empezó a hablar sobre como resolver el problema de las enfermedades, la delincuencia y la guerra.
El monarca escuchó cortésmente con el mentón puesto sobre las manos plegadas. Una vez que Mark acabó el sultán echó una ojeada a sus campos de polo y dijo:
- Consideremos la posibilidad de que ustedes no encuentren nada ¿Probaría esto que somos los únicos seres vivos del universo? - Bien - comenzó Margaret-, supongo que esto tendería a demostrar que los procesos que llevan a la formación de la vida no son tan inevitables como pensamos. Pero creo que los resultados negativos son improbables. No estaríamos en esto si no pensáramos que son excelentes las probabilidades de encontrar algo en esta década. - Porque ustedes creen que los procesos que llevan a la formación de la vida son inevitables - dijo el sultán.
Mark se preguntaba ¿es este el punto de vista del sultán? ¿está interesado en esto porque quiere que los resultados sean negativos? ¿esta esperando apuntarse tantos a favor de la creación especial o el Islam? Mark pensó que tenía que andarse con cuidado en no decir nada que innecesariamente lo desilusionara.
- Esta usted tocando un punto interesante - intervino Mark -. Si los resultados son negativos, los creacionistas probablemente sacarían mucho partido. La falta de señales se podría interpretar en el sentido de que somos únicos. - La cuestión es - interpuso Margaret, que al parecer no había captado el quid del asunto - que actualmente la mayoría de los científicos creen que el universo, todo él, ha de estar pululando de vida. si duplicamos los canales y podemos trabajar cinco años mas, encontraremos otras civilizaciones que continuamente emiten radiaciones incidentales de microondas, lo mismo que nosotros. - Pero usted tiene razón - añadió Mark dando por su lado al sultán -, si los resultados son negativos, esto haría también avanzar nuestro resultados. - Nos haría... difíciles de explicar, ¿no es así? - esta vez busco la cara de Margaret, pero ella lo miró a los ojos con frialdad. - Bien prosiguió el sultán -, veamos la otra cara de la moneda. Si en realidad encuentran una señal de una fuente inteligente, ¿cual piensan que sería el impacto en el mundo? ¿Cual sería el impacto en la religión, por ejemplo? - Bien dijo Mark -, demostraría solo que Alá ha creado más seres inteligentes de los que viven en este planeta. - Creo que la señora sabe por donde anda. Usted espera encontrar vida porque piensa que no somos el producto de nada especial. Cuestión de inevitabilidad biológica. Simple juego de leyes sin sentido que crearon sentido, como a veces lo logramos nosotros en pequeñas cantidades. Si estamos aquí, razona usted, es solo porque fue biológicamente inevitable. Y si en otras partes se dan las condiciones adecuadas es inevitable que también surja y se desarrolle la vida. - Esas condiciones adecuadas se dan en otras partes - insistió Margaret - Hay 500 mil millones de estrellas tipo sol ya solo en esta galaxia y ahora tenemos pruebas de que muchas de ellas tienen sistemas planetarios... - Quizá tenga razón... en eso de las condiciones. Pero ahí no está el quid del asunto ¿Es inevitable que la vida surja siempre que se den las "condiciones debidas"? - Esto es lo que queremos averiguar - repuso Margaret. - Quiere decir que esto es lo que desean probar. Yo soy uno de los que quiere averiguar - el sultán apartó la silla de la mesa y miró hacia arriba, admirando las nubes que parecían formar parte de un mensaje montañoso -. Han negociado muy bien hoy. Les daré un millón de dólares para gastos de operación... y un millón de dólares más para duplicar el espectrómetro - volvió la vista hacia ellos-, porque deseo saber... de veras quiero saber.
Se volteó al chofer que se encontraba en una puerta cercana y le dijo algo en malayo. El hombre abrió la puerta y Mark se dio cuenta que la entrevista había concluido.
- Gracias su excelente - dijo Mark -. Muchísimas gracias.
Mientras el sultán montaba el pony, sus ojos se encontraron por última vez con los de Mark:
- Si usted fuera yo señor Rizley, no creo que diera dos millones de dólares por esto.
**********
Al cabo de tres semanas, el mundo ardía con la noticia de que los científicos habían recibido un mensaje de una inteligencia extraterrestre. La humanidad, al parecer, había entrado en una nueva época.
Mark respondió al teléfono a las seis de la mañana, antes de tener oportunidad de empezar a pensar en lo que tenía que hacer aquel día.
- ¡Mark es urgente! - le gritó el nuevo presidente del SETI, Bob Schmidt. Mark hizo gestos y apartó el auricular de la oreja -. ¡Pásame a Margaret!!- continuó la voz.
Mark obsecuentemente entregó el auricular a Margaret al tiempo que le decía:
- Es algo urgente
Observó como Margaret pasaba de apoyarse en un codo, a sentarse, y a caminar por la habitación:
- No estas hablando en serio... No me lo creo... Estás bromeando... - ¿Que? ¿qué? - atajó Mark - Me estás tomando el pelo- prosiguió ella -. Bien entonces tiene que ser un faro interestelar. Conforme, conforme, voy de inmediato - colgó y se fue al closet. "Tienes que llevar a Michelle a la guardería, cuando la abra - le dijo al marido. - ¿Que está pasando? - No lo vas a creer. - ¿Dijiste un faro interestelar?
Margaret saltaba de aquí para allá, ganando un record personal en rapidez de vestirse.
Epsilon Eridani está transmitiendo enormes destellos en código Morse. - ¿Código Morse? - Parece que una criatura lo vio anoche. Todo el mundo está enterado menos nosotros. - ¿Una criatura lo vio? - Ya ha aparecido en los periódicos en Pittsburgh y en Chicago. - ¿Lo han descifrado ya? - ¡Está en código Morse!
Mark la siguió por la habitación:
- ¿Quieres decir que es una señal intencional, dirigida a nosotros? - Esta claro que ellos nos han escuchado antes
Continuará...
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