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Reflexiones

Encontramos lo que buscamos

 

 

 

 

 


Juan Pérez fue al templo un domingo por la mañana. Escuchó el preludio, se dio cuenta de que a la organista se le había escapado una nota y empezó a hacer gestos de desaprobación. Vio a un adolescente hablar con otro cuando todos deberían tener la cabeza agachada para orar.

 

Sintió como si el que recogía las ofrendas se fijaba excesivamente en lo que ofrendaba, y eso lo hizo hervir por dentro. Pilló al predicador en cinco errores durante la predicación, él llevó la cuenta exacta. Cuando salía sigilosamente por una puerta lateral durante la última oración murmuró entre dientes: "No vuelvo nunca más. ¡Que manda de inútiles e hipócritas!

 

Antonio López fue al templo un domingo por la mañana. Escuchó a la organista tocar no muy perfectamente un arreglo de: "Castillo fuerte es nuestro Dios" y se emocionó con la grandeza del himno. Vio a un adolescente hablar y se acordó que el había sido así de atolondrado y descuidado cuando jovencito, y pidió perdón a Dios por él y por el adolescente. Se alegró que ver que la iglesia estaba preparando una ofrenda especial para Nigeria. Apreció mucho el sermón aquella mañana porque respondió a unas dudas que llevaban molestándole un tiempo. Al salir por la puerta del templo se dijo a si mismo: "¡Que bien hice en venir! ¡Procuraré no perdérmelo nunca!"