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Gabriela Soledad Ruiz Moncayo Colaboradora Iglesia presbiteriana Galilea Guayaquil, Ecuador
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Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo. En la
primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de
la ventana, que una vecina colgaba sábanas en el tendedero.
Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas
limpiecitas, y dijo al marido: ¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa! ¿Le
enseñaría otra vecina?
El marido le respondió: ¡No, hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de
nuestra ventana! Y la vida es así, todo depende de la limpieza de la ventana,
a través de la cual observamos los hechos. Es fácil juzgar a los demás sin
darnos cuenta que la situación errada está es en nosotros.
Porque con el juicio con que juzguéis,
seréis juzgados;
y con la medida con que midáis, se os
medirá.
¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano,
y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?
¿O cómo puedes decir a tu hermano:
"Déjame sacarte la mota del ojo", cuando la viga
está en tu ojo?
¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces
verás
con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Mateo 7:1-5. |