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Todo sucedió en un momento, un momento muy
notable. Para un momento, ese momento no parecía diferente de ningún otro.
Pero en realidad ese instante en particular no era como otro cualquiera. Pues en ese segmento del tiempo ocurrió algo espectacular. Dios se hizo hombre. Mientras las criaturas de la Tierra andaban desapercibidas, arribo la Divinidad. Los cielos se abrieron y colocaron en un vientre humano al ser más precioso que tenían.
En un instante el omnipotente se hizo destructible El que había sido Espíritu se hizo horadable. El que había sido más grande que el universo se hizo embrión. Y aquel que hacía subsistir al mundo mediante su palabra se hizo dependiente de la alimentación de una jovencita. Dios como feto. La santidad durmiendo dentro de un útero. El creador de la vida siendo creado. A Dio se le dieron cejas, codos, dos riñones y un bazo. Al estirarse tocaba las paredes y flotaba dentro del líquido amniótico de su madre.
Dios se había acercado.
Ser acercó, no como un resplandor de luz ni como un conquistador al que nadie puede tener acceso, sino como una criatura cuyos primeros vagidos fueron oídos por una joven campesina y un carpintero soñoliento. Las manos que lo llevaron por primera vez eran manos callosas, sin tratamiento de manicura.
Sin seda, sin marfil, sin alboroto. Sin fiesta, sin euforia colectiva. De no haber sido por los pastores, no hubiera habido visitas. Y de no haber sido por unos observadores de estrellas, no hubiera habido regalos.
Los ángeles observaban mientras María cambiaba los pañales de Dios. El universo observaba asombrado como aprendía a caminar el Omnipotente. Los niños jugaban con él en la callejuela. Y si el jefe de la sinagoga de Nazaret hubiera sabido quién escuchaba sus sermones...
Jesús puede haber tenido granos en el cutis. Puede haber entonado mal. Puede haber despertado un enamoramiento en alguna muchachita del barrio o viceversa. Puede haber tenido rodilla sobresalientes. Una cosa es segura: el era, a la vez que completamente divino, completamente humano. Durante treinta y tres años puedo hacer sentido todas las cosas que usted y yo hemos sentido alguna vez. Se sintió débil, se sintió cansado. Tuvo miedo al fracaso. Sintió la atracción femenina. Pudo estar resfriado, eructar y tener olor a sudor. Sus sentimientos se sintieron heridos. Sus pies sintieron el cansancio. Y sintió dolor de cabeza.
Pensar en Jesús de esta manera es - o parece ser irreverente -, ¿no es así? No nos gusta pensar eso, nos hace sentir incómodos. Es mucho más fácil excluir el ingrediente humano de Jesús de la realidad de la encarnación... Limpiar el estiércol de los alrededores del establo. Secar el sudor que le llega a los ojos. Hacerse de cuenta que nunca roncó ni se sonó la narices ni se martilló un dedo.
Es más fácil tragar el bocado así. Al conservarlo solamente divino hay algo que lo mantiene a la distancia, envasado, más fácil de de acomodar dentro de nuestros cálculos. Pero no lo haga, por amor a él no lo haga. Permítale ser tan humano como él quiso ser. Déjele pisar el fango y la inmundicia del pecado. Porque solo si lo dejamos entrar, podrá él arrancarnos de aquí.
Escúchelo hablar.
"Ama a tu prójimo" fue dicho por un hombre amenazado de muerte por su prójimo.
El desafío a dejar la propia familia por el evangelio fue proclamado por aquel que le dio un beso de despedida a su madre en el umbral de la puerta. "Oren por aquellos que los persiguen" provino de los labios que muy pronto rogarían a Dios que perdonara a sus asesinos.
"Yo estoy con vosotros siempre" son las palabras de un Dios que en un instante hizo lo imposible para hacerlo todo posible para usted y para mí.
Todo sucedió en un momento. En un solo momento.... un momento supremamente notable. El verbo se hizo carne. Habrá otro. El mundo presenciará otra transformación instantánea. Fíjese que al hacerse hombre. Dios hizo posible que el hombre viera a Dios. Cuando Jesús volvió a su hogar, dejó abierta la puerta de atrás. en consecuencia: "Todos seremos transformados; en un momento, en un abrir y cerrar de ojos".
El primer momento de transformación pasó inadvertido para el mundo. Pero puede estar muy seguro de que el segundo no será así. La próxima vez que al hablar emplee la frase: "un momento..." recuerde, eso es todo el tiempo que llevará cambiar este mundo.
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